‘Un incendio invisible’, la agonía de una megalópolis

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‘Un incendio invisible’, la agonía de una megalópolis

mesaProbablemente la homogeneidad de las grandes capitales del mundo sea uno de los grandes signos de la actualidad. Corren los tiempos de la gentrificación, de la silenciosa destrucción de la vida vecinal como se conoció tiempo atrás. Los barrios padecen cáncer. En algunos casos, con metástasis avanzadas. Por eso, la ciudad ficticia de Vado, imaginada por la narradora Sara Mesa en Un incendio invisible, recoge el anuncio moribundo del futuro de cualquier megalópolis. La agonía previa al deceso. Como aviso y constatación de la decadencia de un modelo de vida cuestionable.

Hay muchos personajes en la novela de la autora, publicada por primera vez en 2011 y reeditada ahora con la revisión de la propia escritora. Y sin embargo, por encima de todos los nombres que habitan las páginas de esta obra, se erige el de Vado. Esa ciudad que podría ser cualquiera. Las promesas de futuro convertidas ahora en arena que se escapa entre los dedos. La urbe que tras ser vendida como sinónimo de progreso se ha convertido en un fantasma de sí mismo. Y de todo lo que un día significó, tanto en lo simbólico como en el plano más cercano a la realidad.

Sara Mesa escribe su relato como un tour de force narrado desde los atónitos ojos del doctor Tejada, un geriatra que acude para regentar la residencia de ancianos New Life. El sanitario asiste al desmoronamiento de la vida común. El abandono de las familias a sus mayores, la soledad de una niña que deambula junto a un perro o los intentos de un sociólogo por hallar y comprender el origen de este éxodo son los tres grandes pilares narrativos en los que se apoya la novelista madrileña. Y en la atmósfera áspera y apocalíptica que desprende una ciudad llena de edificios vacíos. Porque Vado es la viva imagen de un hundimiento. Un mar seco en el que todavía permanecen los cadáveres varados de ballenas y otros monstruos. “Asomado a la ventana, de espaldas al sillón, miraba hacia el Madison Lennox, una mole arcaica, oscura, respetable, mucho más baja y pesada que la Torre, que se alzaba con la insólita fragilidad de los dictadores que están a punto de ser derrocados”, escribe Sara Mesa, que con su escritura poética y cargada de imágenes consigue un retrato fantasmagórico de una ciudad y un sistema heridos de muerte.

Un incendio invisible se construye al modo de una historia de fantasmas. De terror, a su manera, pero de un miedo natural, quizás a nosotros mismos y nuestras derivas. Como descubre el propio Tejada, los fantasmas no somos otros que nosotros mismos: “Cuando localizó el balconcillo de la que había sido su suite se sintió investido de un extraño poder: el de ser capaz de mirarse desde fuera. […] Entonces se vio a sí mismo enfrente, en el Madison Lennox, fantasmal, aferrado a la barandilla, como una rapaz a su roca, desnudo y solo, mirando hacia la Torre con ansiedad y sin futuro”. Un crepúsculo que no hace sino mostrar la brillantez de la creadora que lo imagina. Los espectros de un declive, el ocaso de nuestro bienestar.

Un incendio invisible. Sara Mesa. Editorial Anagrama. Colección Narrativas Hispánicas. 248 páginas. 16,90 €.

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