‘Black Mirror 3×05: La ciencia de matar’, máquinas del crimen

Crítica

The Way Out MagazineSeries‘Black Mirror 3×05: La ciencia de matar’, máquinas del crimen
noviembre 3 , 2016 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Series /

‘Black Mirror 3×05: La ciencia de matar’, máquinas del crimen

Un miembro de un escuadrón de soldados, aparentemente de un lugar inexacto en un tiempo no demasiado lejano,  lucha en compañía de su unidad y contra sí mismo. Todos ellos poseen una tecnología corporal que planifica, estudia y ejecuta movimientos estudiados y programados. Incluyendo los sueños y los recuerdos. La premisa del quinto capítulo de la tercera temporada de Black Mirror deposita su suerte en el desenvolvimiento de su protagonista, el principal pagador de las consecuencias de los fallos que el sistema posee. Jakob Verbruggen (London Spy, The Fall) se enfrenta al éxito, si se siguen los episodios de manera cronológica, de su predecesor, San Junipero.

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Este capítulo practica la normalidad ante el caos, diferencia la ciencia y la fe contrapuestas en el acto de llevar a cabo la muerte. Verbruggen dirige este 3×05 combinando un sinfín de triquiñuelas técnicas ejecutando con tensión los asaltos del escuadrón. El director recurre en numerosas ocasiones a la cámara subjetiva, tratando de implementar en su narración una agilidad más propia del concepto gamer que de los códigos televisivos.

Programados para matar, “born to kill”, que rezaba el casco de aquel soldado en aquella película de Stanley Kubrick, los soldados van desafiándose a sí mismos al no ser capaces de diferenciar la realidad de sus objetivos. La perversión tecnológica es la que finalmente resuelve la problemática. Charlie Brooker ha creado un capítulo que observa la fina línea por la que transita la serie, aquella que define el estado actual del miedo social ante un progreso inequívoco y las consecuencias de lo que ya se encuentra desposeído de cualquier control. La ciencia de matar, en su título original Men against fire, pone en entredicho la mecánica militar. Las cucarachas son el enemigo. Sin paliativos. Sin preguntas ni respuestas.

Quizás sea uno de los capítulos más obvios de Black Mirror. Pero no se encuentra exento de una reflexión que se vuelve constante. El cuestionamiento de los procesos del deber, las diferentes miradas que se establecen en un estado de confusión, de obediencia, de obsesión por la muerte del enemigo. Y todo por la ausencia implícita del convencimiento propio. Procesos automatizados que se entienden en tiempos de conflicto. Que desprotegen al ser humano frente a la maquinaria belicista. Aunque Jakob Verbruggen no opta por tomar riesgos, La ciencia de matar ofrece un pensamiento que vuelve a cuestionar los preceptos sociales de manera taxativa.

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