‘Cada día es del ladrón’, el extranjero

Crítica

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‘Cada día es del ladrón’, el extranjero

“Pero allá donde voy me llaman el extranjero; donde quiera que estoy el extranjero me siento…” (Enrique Bunbury)

cada_dia_ladronNo hay duda de que la figura del extranjero siempre ha resultado, y seguirá resultando, de notable interés poético. Es así por todo lo que comporta. Para Teju Cole, el extranjero se ha convertido en objeto de estudio. Sus letras están compuestas de foráneos, viajantes que, por unas condiciones u otras, se ven forzados a moverse constantemente en territorio desconocido. Quizás, en los tiempos que corren, no haya mejor manera de conocerse a uno mismo y el mundo en el que vive que desde la absoluta ignorancia del mismo.

Pese a publicarse en España varios años después de Ciudad abierta (Acantilado, 2012), Cada día es del ladrón es la primera novela del nigeriano Teju Cole. Y podría servir, perfectamente, como contenedor de estilo. En sus 144 páginas, el autor despliega el mismo tono, la misma inseguridad, trasladada a su protagonista (a su manera trasuntos del escritor), y la acidez de la crítica social que despliega con suma elegancia. Se puede hablar, por tanto, de obras similares en cuanto a estructura y tonalidades. Lo único que cambia, y ya es bastante, es el destino.

Si en Ciudad abierta Teju Cole situaba al extranjero (a él mismo) en el laberinto urbano de Nueva York, en Cada día es del ladrón recorre el camino inverso. Un médico viaja desde la Gran Manzana hasta su Lagos natal para descubrir un mundo que el paso del tiempo ha convertido en totalmente ajeno. El denominador común es el espacio. La atmósfera de desconocimiento. El descubrimiento del callejón, de la avenida oscura y tan llena de bellezas (la descripción de un matrimonio que se acuesta por última vez sin saberlo) como de horrores (la pormenorizada descripción del asesinato de un ladrón de once años).

En la diatriba que acompaña a los paseos del protagonista, el artista africano reflexiona sobre su país y el estado de situación. No rehúye, como tampoco hacía en su anterior libro (posterior si seguimos el orden cronológico de publicación), los temas espinosos y las heridas abiertas. Ya pudimos verlo en Ciudad abierta cuando el narrador no dudaba en reflexionar sobre las cicatrices del 11S con total crudeza. También lo podemos observar en Cada día es del ladrón: Teju Cole se sumerge en un país que desprecia su cultura y su Historia (crítica a las instituciones mediante) y que vive inmersa en un carrusel de corrupción totalmente legalizado por las autoridades (sistema de propinas del funcionariado, etc.).

La segunda novela de Cole publicada en España viene a confirmar al autor. El creador nigeriano se ha convertido, con solo dos trabajos literarios, en una de las voces más profundas de la narrativa actual. Su literatura de paseos, sutil, intangible y repleta de frescura, esconde un pormenorizado análisis de contextos. El examen del observador, el que mira, calla e interioriza lo que ve. La mirada de un juez impasible, pero a su vez implacable. El veredicto más serio, el del caminante de la contemporaneidad.

Cada día es del ladrón. Teju Cole. Editorial Acantilado. Traducción de Marcelo Cohen. 144 páginas. 16 €

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