‘Cocaína’, uno y donde siempre

Crítica

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septiembre 12 , 2016 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Libros /

‘Cocaína’, uno y donde siempre

cocaina-daniel-jimenezPodría decirse que la droga de nuestro tiempo es la cocaína. No hay duda cuando, con el paso de los años, ha dejado de ser un estimulante consumido por “los yonkis” para pasar a ser la droga tanto de los pobres como sobre todo de los ricos. En su primera novela, Daniel Jiménez introduce al lector en el día a día de un cocainómano que escribe. O que trata de hacerlo. El efecto de la droga y el de la escritura es casi el mismo para el protagonista, que trata de evadirse a través del consumo de un pasado oscuro y que se revela de forma lánguida desde el fondo de su memoria.

El protagonista de la obra cita a Henry Miller: “la literatura del siglo XXI será autobiográfica o no será”. Y esta frase, unida a la imperante “actualidad” (entrecomillado, ya que lo que se narra es el año 2013) que gobierna cada una de las páginas de Cocaína, hacen presuponer que lo escrito por Daniel Jiménez y la vida de Daniel, el proyecto de novelista que escribe dentro de la ficción, tienen algo en común. Pero, ¿el qué? O más bien, ¿cuánto? De la misma forma que el cine de ficción y el documental exploran sus fronteras de unión, el género novelístico experimenta en los últimos años una suerte de investigación sobre su piel, sus formas y los elementos trasvasados de la realidad al papel. Al fin y al cabo, siempre que uno escribe lo está haciendo también sobre el mismo. Aunque solo sea un poco.

Daniel Jiménez estructura su relato a modo de diario. Un registro que transita de fin de año a fin de año. 365 días en los que Daniel, el protagonista, experimenta también con los propios límites de su cuerpo. Un periodo anual en el que, además, percibe cómo la sociedad que conoce o conoció se ha ido a pique. A lo largo de las páginas de Cocaína el interlocutor puede descubrir discursos y conversaciones (le queda a él la potestad de decidir cuáles sí y cuáles no serán verdad en su imaginario) con escritores reales y de renombre en el panorama literario actual, como Juan Soto Ivars (el tirano, según el protagonista), Juan José Millas, Javier Marías o Alberto Olmos, entre otros. También encontrará el lector alegatos exaltados contra Carlos del Amor o cartas de amor incondicional a Mara Torres, por ejemplo, que contribuyen a que el entorno de la historia, el espacio, adquiera un tinte de realidad que hace sumergirse al lector de forma total en la narración.

El estilo del autor es crudo. Sin ambages. Y el ritmo, tan endiablado como los efectos narcóticos del polvo blanco. Si el arranque recuerda el famoso opening de Trainspotting (Danny Boyle, 1996), el resto de la novela no se queda muy lejos en la evocación de los personajes creados por Irvine Welsh en el título que sirvió como material de partida al director británico. No es el escocés el único nombre que se viene a la cabeza durante la lectura de Cocaína. La corriente kinki se puede intuir en el desencanto que arrastran las palabras de Daniel. También los fantasmas de Bukowski, Fante y los narradores del realismo sucio deambulan por el relato, que consigue, además, referenciar siempre en el momento oportuno otras figuras tótem como Bolaño, Dostoievski o Knut Hamsun, que ayudan a complementar a la perfección las vivencias narradas por este escritor que consume.

No obstante, no estamos solo ante la crónica de una (o dos) adicción(es). Cocaína nos eleva sobre la sociedad, de forma que permite lanzar una mirada profunda hacia el corazón del fracaso. Hacia la denominada generación perdida. Daniel, el protagonista, tiene 29 años y mira cómo a su alrededor unos triunfan y otros se estrellan, pero si algo comparten todos sus coetáneos es una especie de infelicidad permanente. Una sensación que, lejos de autocomplacencias, Daniel Jiménez evoca de una forma directa y muy crítica. Así, la segunda persona que interpela constantemente al protagonista se extiende más allá, alcanzando al portador del libro, que probablemente se podrá ver reflejado en determinadas situaciones de las que narra este diario. Un diario de un cocainómano, quién sabe con cuánto de verdad y cuánto de ficción; pero mucho más allá, un diario de lo que ocurre en nuestra época sin que nos demos cuenta. Uno de los mejores retratos que se han escrito sobre el fracaso absoluto y el impulso autodestructivo de toda una generación. La de la cocaína.

Editorial Galaxia Gutenberg. 188 páginas. 17,50 €

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