‘Amar’, el amor y otros síndromes

Crítica

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abril 21 , 2017 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Cine /

‘Amar’, el amor y otros síndromes

Probablemente, a lo largo de toda la vida, nunca degustemos nada tan eterno y efímero a su vez como el primer amor. Ese que parece para siempre, que detiene el tiempo y que, sin embargo, puede terminar solo unos días más tarde. Ese en el que, por si fuera poco, acumulamos todos los errores de principiante que trataremos de no volver a cometer nunca más. En su ópera prima en el largo, Amar, Esteban Crespo trata de abordar estos temas (y algunos otros) desde su particular punto de vista.

Una respiración jadeante y entrecortada abre la cinta. A partir de entonces, Crespo se introducirá en la dinámica de pareja de dos adolescentes, así como en sus entornos familiares. El debutante ofrece una aproximación que mira a sus personajes con una mezcla de patetismo e inquietud. Así, la puesta en escena no deja de alternar planos aberrantes y de composición rocambolesca con una cámara nerviosa, que no para de moverse, acercarse, alejarse o vibrar. Una metáfora, quizás, del periodo vital al que se circunscriben los novios.

Amar

Amar supone una mirada hacia el desarrollo personal de Laura y Carlos y a cómo la mecánica de pareja ayuda a componer, poco a poco, sus personalidades. Toda la propuesta se centra en sus dos protagonistas, en sus vaivenes y tensiones. Los dos muchachos podrían considerarse trasuntos de los jóvenes interpretados por Aida Folch y Alberto Ferreiro en los cortometrajes del autor, que en un movimiento cuanto menos cuestionable incorpora, íntegramente, el propio Amar (2005) y Siempre quise trabajar en una fábrica (2005) al “nuevo” metraje.

Más allá del planteamiento inicial, se puede asegurar que Amar se queda algo corta en su aproximación. Lejos de profundizar, la película, y su director, parecen siempre más preocupados del envoltorio que de lo que este contiene. Solo así se puede entender la persistencia en el filtro visual que gobierna el largometraje, sin aparente propósito narrativo más allá de embellecer, o la incorporación caprichosa del sonido y la respiración constante a la atmósfera del título. Así las cosas, uno de los principales problemas de este debut de Crespo es que permanece siempre más interesado en mostrar la escafandra que en revelar la sustracción respiratoria que podría conceptualizar.

Pese a ello, Esteban Crespo juega con mensajes interesantes. Aunque termine por desfigurarlos de tal manera que queden irreconocibles. Por ejemplo, el cineasta se atreve a desligar el desarrollo individual de las dinámicas familiares: los dos amantes pertenecen a mundos antagónicos y, en cambio, sus problemáticas son exactamente las mismas. Por otra parte, en lo que se convierte en el mensaje totémico de la obra (merced a la imagen clave), Amar despliega un acercamiento a la toxicidad de determinadas relaciones que transcurre desde el interés a la preocupación debido a los discursos de doble filo que esconden la segunda mitad y el impugnable desenlace del film. Una suerte de síndrome de Estocolmo en el que vienen a colación tanto el acoso como las zonas grises de la cultura patriarcal o los despotismos de género. El amor y otros síndromes.

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