‘Ana, mon amour’, psicoanálisis de la pareja

Crítica

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agosto 24 , 2017 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Cine /

‘Ana, mon amour’, psicoanálisis de la pareja

Ocurre que a veces, en lo referente a eso de enamorarse, la preposición correcta no es “de”, sino “contra” alguien. O tal vez las dos, en su justa medida. El amor, como cuerpo a cuerpo, acaba por ser un campo de batalla en el que entran en juego pasiones, miedos, venganzas y arrumacos. En Ana, mon amour, Calin Peter Netzer hace situarse a su cámara en el núcleo de una relación de pareja, a lo largo de diez años. Un hombre rememora su enamoramiento desde el futuro. Ha llegado la tregua y ahora toca hacer conteo de víctimas, inventario de daños. Pero también alarde las victorias conseguidas; aquellas que justifican todo el esfuerzo, que perduran en la memoria. Que nunca vuelven.

En el pasado que evoca, Ana y él, Toma, son dos jóvenes que se conocen y se enamoran en la Rumania post-Ceaucescu. Netzer representa su historia haciendo justicia a la memoria que la retrotrae hasta el presente que supone la pantalla. Nadie recuerda de forma cronológica, sino que una vez que nuestra mente viaja a los días pretéritos, todo se descontrola, se desordena. Los recuerdos nos invaden con aleatoriedad, sin orden ni concierto, como si buscasen abrumarnos por lo que dejamos atrás. La estructura de Ana, mon amour es tan caótica como la relación que muestra. La película se agarra al caos que propone la fragmentación del relato con la desesperación que los contendientes se agarran el uno al otro, con la firmeza que crean esa burbuja donde no importa que quien los mira desde fuera entienda su romance.

A lo largo del film, el director rumano se sirve de lo que ocurre en el seno de la pareja para expandir su mirada hacia la periferia. Con esta idea, el autor consigue asociar los ataques de pánico de Ana con la inexperiencia y el miedo a madurar de su generación (la posterior a la dictadura), la presión familiar con la vigencia del entorno y la desaprobación general de esa generación anterior y el pasado turbio de su protagonista femenina con el que arrastra la propia nación. En ese sentido, Ana, mon amour es otra muestra de cómo la cinematografía rumana siempre consigue reflexionar sobre el contexto social, político e histórico de su país a través de su cine más contemporáneo.

No obstante, pese a estas asociaciones, Calin Peter Netzer nunca abandona su objeto de estudio: la pareja. La puesta en escena se cierra en torno a sus dos protagonistas a través de los encuadres cerrados. Los rostros se convierten en el mapa de la obra y en la cartografía de todo lo que atraviesan los dos personajes. Ana y Toma. Toma y Ana. Dos presos condenados a quererse. Dos guerreros que luchan el uno contra el otro para luchar juntos contra todo lo que les amenaza desde fuera. Eso es el amor. Una lucha constante individual y en equipo. Como ese verso de Los Chikos del Maíz que clama que “tu cama era Berlín y nosotros dos soviéticos”. Ese matrimonio que termina por convertirse en una batalla eterna. Por otra parte, Netzer se sirve de la representación cruda del sexo, los arranques de violencia o el chantaje como elemento de avance y significación de su cinta. Como ya hiciese en su trabajo anterior, Madre e hijo (2013), el cineasta propone un viaje inductivo de lo particular a lo general. En definitiva, Ana, mon amour se erige como un psicoanálisis de la correspondencia amorosa, sexual e intelectual que, más allá de la piel, nos revela tanto o más sobre la identidad de un país no tan lejano como pudiera parecer.

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