‘Análisis de sangre azul’, los futuros de la exploración científica

Crítica

The Way Out MagazineCine‘Análisis de sangre azul’, los futuros de la exploración científica
marzo 3 , 2017 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Cine /

‘Análisis de sangre azul’, los futuros de la exploración científica

Hubo un tiempo en el que el mayor avance que permitió a la ciencia poder progresar fue la llegada del cinematógrafo. Con el registro en imágenes en movimiento de todo cuanto acontecía en el cuerpo de un ser humano, animal o vegetal se llevaron a cabo numerosos ejercicios de consecución científica que serviría, décadas después, para contrastar síntomas, descifrar patologías e imitar procesos quirúrgicos.

A simple vista, Análisis de sangre azul parece un ejercicio procedente de unos vanguardistas tardíos, que quisieron ejercer su cine en una época de descubrimientos pero que, de forma paradójica, estrenan su trabajo cuando todo aquello que les rodea ha avanzado a pasos vertiginosos. Desarrollada como un thriller al modo de los años veinte, Análisis de sangre azul se desarrolla en un monte que llamarán Valdelomar (¿recuerda a uno de los pioneros del cine español?) en el que encontrarán a un inglés perdido en mitad de la inmensidad que concede el inhóspito medio nevado.

Un Robert J. Flaherty que, a la manera de aquellla docuficción que propulsó allá por 1922 con Nanuk el esquimal, sentó las bases del género que hoy conocemos como cine documental. Blanca Torres y Gabriel Velázquez transmutan la fórmula de Flaherty y la convierten en un análisis (valga la expresión redundante) antropológico de una España, la de los años 30, que tal como reza al comienzo de la proyección “al vestirse parece ignorar la parte derecha de su cuerpo”. Completamente olvidada.

Análisis de sangre azul también responde a las fórmulas del cine de aventuras de aquellas décadas de cinematografía primigenia. Se comporta como un acto de homenaje, de metacine, donde el lenguaje adquiere vida propia en cada secuencia que los directores convierten en un ejercicio lingüístico que encuentra sus raíces en la propia Historia. En apenas 60 minutos, Torres y Velázquez construyen un apasionante – y por momentos hasta ocioso y divertido – trabajo documental que hasta llega a rozar los límites del found footage hallado en unos peculiares 16mm. Un trabajo distinto, vanguardista, desplazado y completamente disímil a cualquier cosa que la imaginación de un ser humano contemporáneo pueda intentar vislumbrar.

Sigue leyendo...