‘Baby Driver’, la autoescuela del delito

Crítica

The Way Out MagazineCine‘Baby Driver’, la autoescuela del delito
julio 5 , 2017 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Cine /

‘Baby Driver’, la autoescuela del delito

Decía Stanley Kubrick que “una película es (o debería ser) como la música. Debe ser una progresión de ánimos y sentimientos”. Es lo que Edgar Wright parece haber aplicado a la que, por el momento, es la película que da forma a su madurez como cineasta. Baby Driver no funcionaría sin una serie de antecedentes, de referentes, con los que pisar el acelerador con la única misión de poner en pie una de las películas más frescas de la temporada.

Wright se adorna. Y se gusta, que es lo mejor. Dejando de lado esas comedias adolescentes y adaptaciones de cómic – que el tiempo ha tratado como leyendas – el cineasta se imbuye en el espíritu más depurado del cine de acción y crea una obra que, aunque sigue patrones ya establecidos, opta por la más afianzada sensación del entretenimiento más auténtico.

Baby Driver se disfruta de manera directamente proporcional a la conciencia que se tenga de la banda sonora utilizada. Es decir, del momento en que el cómo se alía con el qué. Edgar Wright se sirve de los giros de las melodías de The Jon Spencer Blues Explosion, The Beach Boys, Dave Brubeck, Commodores, Beck o Blur. Finalizar todo el ajetreo automovilístico con el Baby Driver de Simon & Garfunkel ya termina por denotar el cuidado y el mimo con el que Wright ha tratado a su última película. Puede que no sea la redefinición del cine de acción automovilística pero tenga por seguro que pocas veces en este año va a encontrar una diversión más estilizada, juguetona y espectacular.

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