‘Black Mirror 3×01: Caída en picado’, el horror tecnológico

Crítica

The Way Out MagazineSeries‘Black Mirror 3×01: Caída en picado’, el horror tecnológico
octubre 22 , 2016 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Series /

‘Black Mirror 3×01: Caída en picado’, el horror tecnológico

La sociedad vuelve a ser retratada de pleno por Charlie Brooker y su mala uva (certera, nadie dice lo contrario) a la hora de analizar qué está sucediendo en el mundo contemporáneo. En constantes procesos de cambio, las tecnologías de la información y la comunicación no encuentran un momento de pausa para detenerse a estudiar con el debido tempo en qué paradigma se encuentra la sociedad actual.

Las dos primeras temporadas de Black Mirror trajeron la terrible sensación de sincera veracidad a la pequeña pantalla. Charlie Brooker acertó en su cuadro clínico, atendiendo a las patologías de un mundo esclavo de la tecnología, más pendiente de los aparatos que rodean al ser humano que a las tradicionales formas de comunicación hasta ahora utilizadas. Netflix adquirió los derechos de la serie y comenzó una nueva andadura, en la que la serie también sería víctima de la contemporaneidad, de un mundo nuevo donde verse obligada a adaptarse.

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Caída en picado es el primer capítulo de esta tercera temporada, ansiada por quienes esperaron durante algo más de dos años la llegada de otra remesa de crítica social que provocase reflexión y admiración por igual. Este primer capítulo, que supera por poco la hora de duración, acierta durante la primera parte de su reflexión proporcionando grandes momentos de certeza narrativa. Brooker domina la agilidad y el ritmo cediendo el protagonismo a una Bryce Dallas Howard funcionalmente insoportable, forzosamente insufrible. Todo es parte de la función propuesta por Brooker. A través de la aventura de este personaje, la sociedad que desnudada en un universo de falsedad, hipocresía, un mundo donde las apariencias son lo más importante para poder triunfar.

Existen a lo largo del capítulo momentos de terrible dolor. Momentos en los que se aspira un futuro no demasiado lejano. Donde las personas no pueden acceder a un derecho fundamental en la mayor parte de las constituciones regladas del mundo civilizado como es el de la vivienda. Si no tienes el coeficiente suficiente de seguidores, el rating necesario proporcionado por aquellos a los que ni siquiera les importa un ápice tu vida, no podrás optar a comprar una casa. Tampoco podrás superar la entrada a tu trabajo si tus propios compañeros te declaran su antipatía a través de los votos por estrellas en sus smartphones.

Caída en picado muestra la feroz realidad de la juventud actual. Entrar en cualquier red social es entrar en el jardín de la postura, de la falsedad, de la envidia, de los rencores, de las enemistades, de las falsas amistades. Y todo esto no es más que otra asquerosa muestra de en qué se está convirtiendo el ser humano. Personas ancladas a las notas de voz de WhatsApp, a los likes de Facebook, a inmortalizar cada maldito instante de su miserable vida en su teléfono móvil con el único interés de demostrar quién la tiene más portentosa. Y la envidia se convirtió en bucle. En un infinito loop que no hace más que crecer.

Poco a poco, el capítulo va derivando en otros objetivos narrativos que poco tienen que ver con la idea inicial. El espectador abandona la mirada de la protagonista para adentrarse en un evento público de escaso interés más que el de ser el vehículo efectista que provoca la derrota del personaje de Bryce Dallas Howard. Pero Charlie Brooker, no contento con ello, admite que puede haber redención. No obvie los planos finales, un frenético montaje en el que dos personas desconocidas vuelven a interactuar sin impedimento tecnológico de por medio. Solo presos de su propio destino. De una vida que han olvidado vivir por estar más pendiente de lo que sucede en una pantalla de unas proporciones más ínfimas que la que proporcionan mirar un poco más arriba, al horizonte, en cada momento del día.

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