‘David Lynch: The Art Life’, confesiones de una mente prodigiosa

Crítica

The Way Out MagazineCine‘David Lynch: The Art Life’, confesiones de una mente prodigiosa
marzo 30 , 2017 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Cine /

‘David Lynch: The Art Life’, confesiones de una mente prodigiosa

El planeta audiovisual se encuentra a las puertas de un seísmo de proporciones hercúleas. Uno de los cineastas más personales, únicos y, al mismo tiempo inexplicables, vuelve a situarse en la puerta de entrada a los sueños dibujando aquel “I’ll see you again in 25 years” que Laura Palmer instigó como un auténtico disturbio televisivo.

25 años después, el regreso de Twin Peaks es ya una realidad. A pocas semanas de la resurrección de los personajes nacidos de la conjunción mental de Mark Frost y el propio Lynch se estrena The Art Life, un proyecto de tres directores obsesionados, no ya con la creación cinematográfica del cineasta, sino con las raíces de su arte. Rick Barnes, Olivia Neergaard-Holm y Jon Nguyen intentan penetrar dentro del cuero cabelludo de un director que ha mantenido una brillante y pragmática ejecución de sus miedos, sus sueños, sus filias y sus fobias a lo largo de casi cuatro décadas de puro arte.

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Desde el estreno de Inland Empire (2006), Lynch ha tratado de desentrañar su arte – en la cuestión cinematográfica – a través de diversos cortometrajes que enlazan, no ya con sus trabajos más obvios, sino con las pequeñas piezas que legó a sí mismo antes de irrumpir con la paradójica Cabeza borradora (1977). En el documental se valoran los códigos cinematográficos utilizados por Lynch. Pero no de una forma explícita. El cineasta se ha convertido en una referencia para esculpir el propio arte en sus distintos derivados.

Resulta absolutamente imposible comprender qué existe bajo la mente de un director que ha sabido contraponer la belleza más irrenunciable con la fealdad y el horror más absolutos. Que ha explorado géneros (Dune, 1984) e incluso ha entregado obras que, por su sincera honestidad, han provocado extrañeza entre sus seguidores (Una historia verdadera, 1999). Ha logrado descuadrar, aburrir, apasionar e incluso contradecirse a sí mismo para ofrecer su versión más auténtica (Inland Empire, 2006). David Lynch despliega en su aura la más perfecta definición del concepto de “artista”. A través de sus trabajos plásticos y pictóricos, este documental inyecta en la memoria del espectador las aristas más desconocidas de un nombre propio personal, único e irrepetible.

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