'El día de mañana', la piel del cordero

‘El día de mañana’, la piel del cordero

Crítica

The Way Out MagazineSeries‘El día de mañana’, la piel del cordero
junio 26 , 2018 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Series /

‘El día de mañana’, la piel del cordero

“[…] El gobernador civil y el jefe provincial del Movimiento. Siempre me ha hecho gracia que lo llamen así, cuando aquí no hay nada que se mueva.”

Mariano Barroso y Alejandro Hernández acogen la difícil tarea de adaptar a un formato televisivo a Ignacio Martínez de Pisón, quién en 2011, publicó la novela homónima con el propósito de, entre otras cuestiones, dilucidar un presente con visos de certeza en una España que vivía el final de cuarenta años de franquismo. A la sombra del desarrollo de países cuyas fronteras no se extendían por terrenos demasiado lejanos, el autor enfoca su pluma sobre la figura de Justo Gil, un emigrante aragonés que arriba a Barcelona con la promesa de buscar una vida mejor y una cura para la enfermedad de su madre.

Barroso encuentra con su cámara los recovecos con los que plasmar la sociedad española que sobrevivía al final de la dictadura. Estilos de vida que confluían en metrópolis cuya condición apenas había sido adquirida, la ruralidad anclada en sus costumbres más arraigadas, la poderosa condición y llave del dinero o el placebo como mentidero personal. Así, Justo Gil (tras la mirada de Oriol Pla, en una sobresaliente recreación) ejemplifica diversos subtipos de ciudadano español que la realidad se ha ido encontrando a su paso por nuestras tierras. La combinación perfecta de la zalamería, el cambalache y la picaresca. Lo mejor de lo mejor.

A través de una historia contada casi de manera periodística, Mariano Barroso se va adentrando en dos ejes narrativos que confluyen en un mismo lugar. El espectador conoce el presente de aquellos años. Aunque también irá recibiendo, a través de declaraciones ante un interlocutor disfrazado de autoridad competente, pinceladas de un futuro no demasiado lejano donde el personaje de Justo no parecerá ser quien realmente dice ser. A lo largo de los capítulos, el director se encierra en el tardofranquismo para ilustrar los sentimientos que despertó su final en partes de la población española. Sirva como ejemplo el comienzo del segundo episodio, donde un salto al vacío puede evocar tantas realidades como sentimientos desprenda lo que se escucha en los instantes previos.

El comunismo, la literatura rusa, la homosexualidad, la Pasionaria, las torturas… El día de mañana funciona a la perfección como resumen de una época de inquina, vetos y oscurantismo. De tratamientos para la conducta y el remedio contra las “recaídas”. De rebeliones de sacerdotes, o una parte de ellos, contra un Régimen desprovisto de sensibilidad por la libertad. De prohibiciones y sombras que contrastaban con las luces pretendidas de un país que, aparentemente, proyectaba una intención de volver a nacer.

La policía disuelve una protesta de sacerdotes en la Barcelona de 1966.

La mierda en plato se cree comida. Pero solo es eso, mierda.” Así, sin anestesia y sin pretender dilucidar donde se sitúan los buenos y donde los malos, continúa una ficción donde la poesía televisiva que unía los desfiles panegíricos a Francisco Franco con los combates de boxeo de ases como Urzaiz era la única ventana de una sociedad que circulaba con esos tapaojos (blinkers) que se les coloca a los caballos para miren solo hacia delante sin pensar en el miedo o en el peligro que les acecha. Todo evoca a un lugar donde Buero Vallejo convive con Johann Cruyff, donde la libertad anhelada chocaba con las prohibiciones y la censura. Después, Karra Elejalde. “¿Quién coño diría eso de que el fascismo se cura leyendo?”. Complete usted la frase y adivine el autor. Mejor, imposible.

Un tercer episodio se centra en la vertiente artística de los protagonistas. Si la mentira hecha forma de vida se encarna en la figura de Justo, la ficción muta en sus múltiples formas a través de la aparición del director teatral interpretado con suma maestría por Pere Ponce. Es el mismo capítulo en cuyo ecuador resuena el Get Ready de los The Temptations, señal inequívoca de un movimiento metafórico en pos de Justo y su verdad. A partir de aquí no queda otra que dejarse llevar, más que nunca, por los acontecimientos. Barroso propone un thriller de corte social que pone a los distintos rostros de España frente a frente, para que se juzguen unos a otros e intenten encontrarse, identificarse, mirarse ante la historia. Una gran producción de Movistar + que sigue engrandeciendo el buen nombre de la ficción española, que concede lo que promete. Y el que avisa no es traidor.

" - ¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Que tú solo ves el presente.

  - El presente... Yo veo lo que hay. Lo demás es un sueño."

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