‘El día más feliz en la vida de Olli Mäki’, la victoria de lo pequeño

Crítica

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febrero 2 , 2017 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Cine /

‘El día más feliz en la vida de Olli Mäki’, la victoria de lo pequeño

La felicidad es una mera ecuación de prioridades. Para resolverla, solo es necesario discernir cuál es la variable con más peso y valor personal. Para algunos será el éxito, para el boxeador Olli Mäki la dicha no podría estar más alejada del triunfo. En 1962, el legendario púgil finlandés aspiraba a obtener el cinturón de campeón mundial de peso pluma. Todo su entorno, prácticamente todo el país, vivía pendiente de la pelea que éste mantendría en Helsinki con el norteamericano Davey Moore. Todos menos el protagonista, enamorado perdidamente de su novia Raija, quien, a la postre, se convertiría en su esposa para el resto de su vida, y más centrado en las pequeñas cotidianeidades que en la pérdida de kilos, las ceremonias de pesaje o las rutinarias ruedas de prensa para promocionar el evento deportivo.

En El día más feliz en la vida de Olli Mäki, el director Juho Kuosmanen narra las semanas previas al combate. La preparación para el encuentro pugilístico centra la mirada del cineasta finés. Sin embargo, su vocación va mucho más allá. El boxeo actúa como núcleo de fisión de la propuesta. Pero más allá, el autor compone un relato bífido, que se acerca al deporte puro tanto como se aleja; principalmente porque la materia prima que busca Kuosmanen reside fuera del cuadrilátero. Entre la vida profesional y la personal, la balanza cae estrepitosamente hacia la segunda.

Ese contraste entre las dos vidas de Mäki queda sutilmente subrayado a través de la puesta en escena. El blanco y negro actúa como catalizador de esa división. Asimismo, no es casual la dualidad que arrastra la obra. El púgil se mueve constantemente entre la soledad del ring y la compañía de Raija en casa o la calle, pero también existe una confrontación entre los espacios luminosos y la oscuridad, entre la noche y el día e incluso entre los planos largos y el uso del primer plano al rostro. Todo está enfocado de forma que sublime la prevalencia de un aspecto respecto del otro.

Kuosmanen regala en su ópera prima una aproximación atípica al universo boxístico. Su acercamiento no está próximo a la estilización tradicional que ha llevado a cabo la cinematografía sobre el noble arte. Lo que se ve en El día más feliz de Olli Mäki revela, más bien, la cara B del pugilato. El debutante sitúa su película en los días previos al combate y, al contrario de lo que hubiese sido académico, se quita de encima la pelea con un par de secuencias, tan fulminantes como la propia derrota del héroe nacional. Todo lo que le interesa al nórdico se encuentra fuera del campo de la épica.

El objetivo de su observación reside, por el contrario, en la delicadeza de lo cotidiano. Porque, al final, es más fácil que la victoria se esconda en una noche de paseo por la ciudad, en una partida de rana o en un baño purificador en un lago, que en la búsqueda y el anhelo enfermo de la gloria. Por eso resulta tan interesante la mirada que desprende Kuosmanen hacia sus protagonistas. Una contemplación fascinada, silenciosa, llena de cariño, que evoca al gran maestro Aki Kaurismäki en esa ternura, casi compasiva, con la que se acerca a Olli Mäki y a Raija. Una admiración que termina de concretarse en el romántico y elegantísimo plano final. Con la derrota consumada, el boxeador camina de la mano de su prometida. Ha perdido, pero es el día más feliz de su vida: por fin sabe que se casará con la mujer a la que ama. Entonces, la puesta en escena de Kuosmanen deviene en magia (la del cine) y la pareja se cruza con un matrimonio de ancianos que anda de la mano. “¿Llegaremos a ser tan felices?”, pregunta Raija, justo cuando, gracias a un movimiento delicadísimo, el encuadre los está cruzando en realidad con las personas reales a quienes interpretan. Juntos tras una vida entera, cogidos de la mano; con su ecuación de prioridades ya resuelta y la victoria de lo pequeño consumada.

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