‘Dunkerque’, diario de una derrota

Crítica

The Way Out MagazineCine‘Dunkerque’, diario de una derrota
julio 21 , 2017 / Escrito por Jorge Aceña / Cine /

‘Dunkerque’, diario de una derrota

La presencia actual de Christopher Nolan y su particular gen catalizador de la más indivisible ampulosidad cinematográfica, es capaz de confrontar a dos bandos diferenciados por la diversidad conceptual de su idiosincrasia. Unos disciernen sobre la notoria amplitud del redescubrimiento incesante; otros, simplifican la visión del director hacia un módulo ilusorio abotagado por la irradiación estridente de una pirotecnia recubierta de falsa complejidad. Dicotomía entre miradas hagiográficas e incrédulas, entre el posicionamiento visceral y el desinteresado, llegamos a su última película, Dunkerque, con la misma y eterna predisposición conspiranoica, otra batalla más en una guerra entre la pasión irracional y la detracción por un cineasta – llamémoslo, mejor, director de cine – obnubilado por el afianzamiento de su estatus a través de la deconstrucción del lenguaje narrativo, por el empoderamiento de la imagen sobre las líneas temáticas, y sobre todo, por la exasperante trascripción de los elementos ya presentados.

Resulta cuanto menos sorprendente que, a través de un periplo en el que se aúnan determinadas fuentes particulares conforme a una retahíla de trucajes y números que basan su fuerte en la desestructuración espacio temporal, Nolan haya focalizado su condición de “superioridad” en terreno bélico, donde afronta la épica del conflicto en base al histórico acontecimiento ocurrido en Dunkerque, en plena II GM. Histórico y milagroso, dada la función de unos pocos compatriotas ingleses que, armados de valor, fueron a rescatar a sus soldados, rodeados en la playa por el ejército nazi.  La Operación Dinamo, diario de una derrota, es narrada por Nolan mediante la estructuración de tres historias – la playa, el mar y el aire – en las cuales no hay imposiciones heroicas, ni enemigos denostados por el enfebrecido maniqueísmo; sin embargo, más allá del sonido, la música y la conjunción de tiempos moderadamente bien utilizados, no hay nada más en lo que se pueda disertar, pues la desestimación del necesario tratamiento ético, del buceo en la moral de los personajes, convierten al film en un ejercicio técnicamente impoluto, sí, pero argumental e introspectivamente hueco.

El factor diferencial entre ésta y cualquier otra película bélica se encuentra, tratándose de Christopher Nolan, en la alteración narrativa, pues cada una de las tres partes conforma una periodicidad concreta – una semana, un día y una hora respectivamente – que entronca con la falsa modestia de un director inmerso en el proceso ambicioso de generar un envoltorio extremadamente complejo e innovador, cuando es precisamente lo contrario. Las variaciones respecto al puzle temporal encuentran en Dunkerque la excusa perfecta para realzar la supuesta obra sobre las demás; no obstante el factor oculto y que ejerce de motor primordial durante toda la película es la composición de la banda sonora, notable cuanto menos, realizada por Hans Zimmer. La partitura marca las pautas, el ritmo que debe de seguir el montaje, acompasado por las notas dictadas a través de las agujas de un reloj, principal vehículo para generar tensión.

Dunkerque se define como otro ejemplo más de solitario artificio compuesto por Christopher Nolan, sin ningún juicio de valor más allá de su incontestable proeza técnica. Lejos de asentar una mirada enfocada en el milagro de aquel suceso, en donde la victoria fue realmente sobrevivir en aquella playa, el sacralizado director hace acopio del sentido del remarcado sentimiento en otro de sus chirriantes y poéticos finales. Nolan lo vuelve a poner irreprimiblemente fácil. Y sí, Dunkerque también puede que sea su personal diario de una derrota.

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