‘La frontera salvaje’, la luz al otro lado del río

Crítica

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‘La frontera salvaje’, la luz al otro lado del río

Hace más de 150 años, allá por 1834, Washington Irving retrataba un paisaje que poco a poco acabaría desolándose en manos de los colonos en su ansia expansiva hacia el Océano Pacífico. El control del norte del continente americano se establecería desde la llegada de aquellos ingleses en los primeros barcos a la costa este y que, sedientos de control y de lo que todo hombre desea aumentar (el tamaño de su ego, convertido en tierras) saquearon a todo aquel que se encontraron a su paso.

Esta frontera salvaje, la que Irving despliega a través de lo que existe más allá del río Arkansas, es la que decide cruzar en esta crónica inédita en España y que publica Errata Naturae en un ejercicio de recuperación e historicismo como pocos. Tras establecer unas rutas por España buscando la herencia del choque cultural que se produjo con la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica, Irving volvió a su tierra natal para encontrar ese mismo choque entre dos civilizaciones con más de una batalla pendiente.

El lector, como se advierte en un inteligentísimo prólogo, no se encuentra ante un libro de hazañas o una bitácora de acontecimientos que rozan lo increíble. Washington Irving despliega su estilo puro, directo y con un especial lirismo a lo largo de cada página, en un extenso compendio que combina la geografía con la antropología, la historia con la ciencia bélica o la supervivencia. Lo que La frontera salvaje demuestra página tras página es que el hombre es el peor enemigo para el hombre.

A través de las palabras de un cronista de viajes insólito, el lector asiste a un retrato fronterizo al que posteriormente el cine dio imagen. Usos y costumbres, desmitificación, ideales salvajes tumbados por la fuerza de la simple panorámica y la observación. La frontera salvaje es un viaje, no solo al corazón de la América que pereció ante el ansia imperialista del hombre blanco, sino que supone una urgente necesidad de lograr el respeto, la amistad y el aprendizaje mutuo con todo aquel semejante que se encuentra al propio lado. Sea del color que sea, la raza, la etnia o todas las etiquetas que el ser humano se ha ido adjudicando siglo tras siglo con la única intención de hacerse diferente y, en la mayoría de ocasiones, superior a ese contrario, al enemigo impostado. Washington Irving, página tras página, vuelve a dar una sonora lección sobre humanidad y conciencia que, por fin, llega a nuestras manos.

La frontera salvaje. Washington Irving. Editorial Errata Naturae. 2018. Traducción de Manuel Peinado Lorca. 308 páginas. 19,50€

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