‘La gran ola’, alerta sísmico-marina

Crítica

The Way Out MagazineCine‘La gran ola’, alerta sísmico-marina
marzo 24 , 2017 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Cine /

‘La gran ola’, alerta sísmico-marina

Resulta fascinante el poder que ejerce la naturaleza para recuperar el terreno que le hemos robado. Porque, en el fondo, existe algo de perversa poesía en el fenómeno. Tal vez el final de El mapa y el territorio, una de las últimas novelas de Michel Houellebecq, sea una de las obras que mejor hayan recogido esa idea, con uno de los cierres más rotundos de la última literatura: “El triunfo de la vegetación es absoluto”.

En esencia, un tsunami no tiene nada que ver con la recuperación de tierra (se produciría igual de no estar el ser humano), sin embargo, sí golpea con fuerza todo lo que el hombre ha construido en las orillas. Lo explican a la perfección los expertos (científicos, geólogos, historiadores, etc.) que se dan cita frente a la cámara de Fernando Arroyo en La gran ola. El pretexto: analizar la probabilidad, para nada remota, al parecer, de que un maremoto alcance la costa de Cádiz y Huelva en los próximos años.

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Arroyo compone un documental explicativo que resulta mucho más interesante y revelador por su aspecto narrativo y su temática que por su forma y puesta en escena. A modo de reportaje televisivo, resuena la voz de los trabajos de investigación de conocidos programas de la parrilla actual, La gran ola alterna el grafismo con el busto parlante para revelar una información minimizada y generalmente oculta a la mirada del conjunto de la sociedad.

La investigación se compone mediante el análisis fenomenológico. La mirada hacia el pasado revela las relaciones entre los eventos anteriores en la península (el último, el terremoto de Lisboa en 1755 que trasladó a las costas de Huelva olas de hasta 16 metros) y la incidencia que alcanzaría un acontecimiento de las mismas proporciones en la actualidad, con el aumento de población y la existencia de mayores localidades costeras. Como decíamos, el interés de la propuesta siempre está ligado a la narrativa. Solo hacia su conclusión Arroyo se permite un curioso formalismo: las imágenes de Cádiz siendo asolada, durante unos instantes, por esa gran ola que da título a la película. Didactismo y periodismo se dan cita en esta obra que, si sirve para que alguna de las autoridades pertinentes se incomode ante su pasividad, o para que algún espectador se conciencie de la realidad latente, pues bienvenida sea.

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