‘El hombre del corazón de hierro’, las arenas movedizas

Crítica

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julio 5 , 2017 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Cine /

‘El hombre del corazón de hierro’, las arenas movedizas

Cédric Jimenez (Conexión Marsella) compone un retrato a dos entre la construcción de la personalidad de Reinhard Heydrich, conocido por Hitler como El hombre del corazón de hierro (para el resto de la humanidad, El carnicero de Praga) en una película que navega entre dos capítulos bien diferenciados. El tono casi elegíaco que el director escoge para retratar la llegada al poder de Heydrich y su posterior asesinato fluctúa entre la determinación con la que arranca la narración y la irregularidad con la que, con posterioridad, terminará ubicando a los dos agentes checoslovacos que terminaron con los días del hombre que dio identidad a la llamada “solución final”. Recuerde en este momento aquel telefilme de Frank Pierson protagonizado por Kenneth Branagh y Stanley Tucci en 2001.

Lo más dañino de la película, sin duda, es el interés por ampliar las miras hacia los tres protagonistas de la trama, dedicándoles una mitad de película a cada uno. A Jimenez se le nota la intención, el ritmo, la querencia por demostrar su anunciado talento en cada plano. Pero detrás parece haber un esfuerzo por enfangar la narración ocultando y haciendo aparecer personajes, dejando que la interesante deconstrucción del atentado (conocido como Operación Antropoide) se muestre como una mera anécdota con la que hacer frente a una resolución que, cuanto más avanzan los minutos, más circula a trompicones.

El hombre del corazón de hierro acierta donde su inmediata predecesora, Anthropoid (2016), falló de manera incontestable. Si en aquella el foco solo se situaba en los dos agentes checoslovacos que perpetraron el atentado contra Heydrich a base de dos horas de erráticos primeros planos, sin oxígeno ni creatividad, aquí Jimenez se preocupa por ocupar la trama de las suficientes vías de escape para que la historia no sufra en demasía. Quizás el referente sea la Valkiria de Bryan Singer (2008), o cómo los atentados contra los nazis se volvieron elementos causales de presunta modernidad.

Aquí se verá abocado al destino de lo que propongan el buen hacer de Cédric Jimenez tras la cámara, la resoluta interpretación de Jason Clarke y el oficio de Jack O’Connell. Suficientes elementos como para no dejar pasar una película bélica con más emociones de las esperadas. Con una nueva demostración de cómo insuflar romanticismo en mitad de un despliegue de acción nunca fue lo adecuado. Pero con las mínimas ideas claras. Y eso, créame, se termina agradeciendo.

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