‘Maravilloso Boccaccio’, el poder de la historia y el texto

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‘Maravilloso Boccaccio’, el poder de la historia y el texto

Los hermanos Taviani, tras la shakesperiana César debe morir, regresan tras el sendero de la historiografía literaria para reinterpretar las formas artísticas italianas. Los Taviani huyen del tópico del cine reinante en el país transalpino y realizan constantes ejercicios en los que se cuestionan las raíces de la sociedad que ha evolucionado con el tiempo merced a sus propios ejercicios culturales.

Maraviglioso Boccaccio comienza en Dante Alighieri y Luigi Pirandello (a quien los Taviani ya conocieron en la excelsa Kaos), prosigue con las escenas dibujadas por Giovanni Boccaccio y finaliza con la lírica visual de Pier Paolo Pasolini. El arte se superpone a sí mismo en las diferentes capas que conforman su significación. Historias dibujadas de forma individual, sin uniformidad cinematográfica sino más bien adoptando un lenguaje teatral que nutre las acciones de los personajes, son las que confirman que los Taviani juegan a ser los cronistas de su tiempo.

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Comprender la totalidad de la obra de Boccaccio supone adentrarse en la propuesta que reúnen los cien cuentos de los que consta su mayor obra, El Decamerón, una síntesis libertina, romántica e impúdica de las virtudes del hombre. Pasolini ya recreó, tras su exacerbada mirada, algunos de esos cuentos. Sin duda, en una película (1971) que dibujó más aun el contorno de sus obsesiones y asiste a quienes estudian su cine a comprender qué se movía bajo el cuero cabelludo del genio boloñés.

Los Taviani, lejos de realzar las salvajes y descuidadas aventuras narradas por Boccaccio, escogen los fragmentos más románticos con el fin de transformarlos a su vez en distintas evocaciones pictóricas italianas. Situada en los años de la peste bubónica, la obra se sitúa en la Florencia de 1348. En esa huida de la enfermedad, Pasolini y los Taviani encuentran sus líneas convergentes. La alabanza de la vida, del sexo como máximo disfrute de la libertad. Si bien, aquel ironizó y fue tan explícito como turbio, Maravilloso Boccaccio relaja las obsesiones y muestra la vida como el objeto natural del que todos somos víctimas.

Aguardando ese final, los Taviani emulan la estrategia de Las mil y una noches, otro texto fundacional de la historia de la literatura que el cineasta portugués Miguel Gomes llevó con genio y maestría en una trilogía que, de nuevo, transmutaba el condicionamiento social en connivencia con lo que la vital Sherezhade describía en los interminables cuentos con los que, precisamente, trataba de salvar su vida. Al fin y al cabo, ¿qué es la vida sino una celebración constante de sí misma?

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