‘La muerte de Napoleón’, esbozo de un imperio

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‘La muerte de Napoleón’, esbozo de un imperio

Historia es, desde luego, exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es exactamente lo que sucedió.” (Enrique Jardiel Poncela)

Resulta más que plausible pensar en cómo los acontecimientos que determinaron el curso de la historia podrían haber sucedido de una u otra manera. La historia reza de una forma. Pero la realidad puede tomar diversas vertientes, ensalzando o defenestrando a sus héroes y, desgraciadamente de manera usual, olvidando a aquellos sin cuyos engranajes nada de lo que vivimos hoy hubiera sido ni la mitad de posible.

En La muerte de Napoleón, Simon Leys (pseudónimo de Pierre Ryckmans) el autor nos lleva hasta los últimos estertores de la vida de uno de los hombres más poderosos que ha dado la historia. Con el exilio y posterior muerte, en 1815, de Napoleón Bonaparte Leys propone un juego ficcionado en el que se pregunta qué hubiera pasado si el verdadero emperador no hubiera muerto en Santa Elena y siguiera vivo años después. ¿Y si fue alguien extremadamente parecido quien hubiera suplantado el lugar del hombre que a punto estuvo de tener bajo su mando a la totalidad del viejo continente?

Leys comienza su narración sugiriendo la idea de que, en mitad de la tripulación de un barco que vuelve a Francia, transita un hombre menudo, de aspecto bien parecido al del emperador. Las burlas no cesan, lo llaman “Napoleón” en un tono marcadamente de sorna por su aspecto silente, agazapado en sí mismo sin saber de lo que un día fue capaz. Este hombre, Eugène Lenormand, visita aquellos lugares que un día supusieron los cimientos de su mito.

Y ahí, en mitad de la Historia (y la historia), se encuentra esa definición de lo que significa realmente cualquier epopeya, cualquier subtrama que se extrae de su contexto y termina convirtiéndose en una patraña elevada a la más absoluta categoría de épica. Yace en aquellos campos, en aquel Waterloo, ese Edmond. Un hombre a quien una propina de 45 céntimos le sirve como paga para mostrar los horrores que él, señor de la guerra, vivió junto a Napoleón. Y, como casi siempre, nada más lejos de la realidad.

Gracias a La muerte de Napoleón y su juguetona sinceridad el autor nos recuerda que siempre debemos estar alerta ante los acontecimientos que han sucedido, suceden y sucederán. Y no solo nos remitimos a aquella máxima de “La historia la escriben los vencedores”. Los perdedores también transcriben la suya. Quizás no llegue más allá de unas pocas generaciones. Pero esa es la verdadera historia, de aquellos que con sus ojos alumbraron un mundo en permanente conflicto y con sus brazos levantaron las armas que terminaron de nublar al ser humano en sus diversos empeños por certificar que su muerte terminará por estar más cerca de lo imaginado.

Acantilado recupera una obra ya publicada en España hace décadas, pero perdida en el mar literario de nuestro país, con una edición cuidada y una traducción, la de José Ramón Monreal, digna de ser colocada entre los libros más significativos de la temporada. Con sumo cuidado, La muerte de Napoleón nos devuelve una imagen de nosotros mismos, seres sin imperio aunque abocados a la misma muerte. Todos. Sin discusión ni escapatoria.

La muerte de Napoléon. Simon Leys. Editorial Acantilado. 2018. Traducción de José Ramón Monreal. 152 páginas. 12€

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