‘El otro lado de la esperanza’, el antepenúltimo proletario

Crítica

The Way Out MagazineCine‘El otro lado de la esperanza’, el antepenúltimo proletario

‘El otro lado de la esperanza’, el antepenúltimo proletario

En la mayoría de ocasiones la reducción al absurdo se convierte en la mayor demostración de lucidez posible. Sobre todo en los casos en los que lleva la firma de Aki Kaurismäki. El cineasta finlandés se ha especializado en hacer caminar a sus protagonistas sobre el alambre que separa el patetismo de la ternura. Y desde el limbo que le permite su situación tras la cámara, el autor los mira con una sorprendente mezcla de sobriedad, gentileza y conciencia de clase.

Si alguien, hoy en día, podía rodar una película sobre la crisis de los refugiados, no hay duda, era él. Con esa vitola, en El otro lado de la esperanza, se permite analizar y contextualizar el conflicto desde la clarividencia que le caracteriza. El resultado ofrece una de las obras más apegadas a la actualidad del momento, en la que el director finés no abandona sus constantes y permanece fiel a su estilo cinematográfico para retratar una realidad que, desde luego, encaja tan bien en los códigos de la socarronería como en los del drama social.

otro_lado_esperanza

La melancolía vuelve a adquirir el sabor metálico del fracaso. Desde la primera secuencia, en la que un refugiado sirio “aterriza” en un depósito de carbón en el puerto de Helsinki, hasta la última, en la que su destino ha cambiado de forma drástica, el tono del film es puramente kaurismäkiano. Una mezcla de realismo poético y comedia agridulce en la que se cuelan las clásicas canciones que el creador introduce como contrapunto o esa tendencia a sacar a la luz la verdad del mundo en tan solo un par de pinceladas de humor (la escena del neonazi llamando judío al refugiado sirio).

Todo ello para dibujar una Finlandia (y con ella el resto del mundo) de luces y sombras a la que Kaurismäki envuelve entre dos claroscuros. Khaled es recibido por una Helsinki en penumbra en la que algunas luces permanecen encendidas. Una elocuente representación de la sociedad europea, entre la acogida y las buenas intenciones de unos y la violencia y el odio candente de otros. No obstante, gracias a la filtración del discurso de Kaurismäki, El otro lado de la esperanza se debe interpretar como un alegato en favor del “refugees welcome”. La cinta del maestro escandinavo destila discurso integrador de la primera a la última secuencia.

Aki Kaurismäki vuelve a la trinchera que nunca abandonó. Su cine se puede enarbolar como bandera frente al sistema opresor y corrupto. Se debería izar, de hecho, en oposición a ciertos valores y mercados. Frente el occidente del cisma y las fronteras o contra la guerra de clases encubierta. Esa que representa el matrimonio coprotagonista, que rememora al de Nubes pasajeras (1996), resquebrajado y desesperanzado a causa, fundamentalmente, de la asfixiante crisis socio-económica. Así las cosas, los personajes de Kaurismäki piden esa lectura de confrontación. Lo precisan sus acciones torpes y desesperadas, como siempre observadas desde la distancia, la empatía y la reacción que abandera la filmografía del artífice de obras cumbre del obrerismo cinematográfico como Sombras en el paraíso (1986) o La chica de la fábrica de cerillas (1990). La mirada del último poeta del desencanto. El antepenúltimo proletario.

Sigue leyendo...