‘Pastoral americana’, los hechos imperfectos

Crítica

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junio 8 , 2017 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Cine /

‘Pastoral americana’, los hechos imperfectos

Ewan McGregor abordaba la complicada tarea de adaptar a uno de los autores norteamericanos más reconocidos de la literatura contemporánea. Plantear un imaginario cinematográfico de cualquier novela de Philip Roth resulta una labor quijotesca que deja tras de sí un mar de dudas sobre la viabilidad de lo planteado en la pantalla. Roth pertenece a esa lista de autores cuyas líneas deberían permanecer bajo bloqueo y pena capital por adaptación.

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Pastoral americana demuestra pasión por la obra original. Se reconoce el interés de McGregor (en un alarde casi gibsoniano por adaptar una obra que no obedece a su origen personal) y de su guionista, John Romano, por abarcar lo máximo posible de la descriptiva imagen de la Norteamérica destrozada que Roth abordó en su magna obra. José Antonio Gurpegui, en El Cultural (07-03-1999) afirmaba que “como Fitzgerald en El gran Gatsby parece que la intención de Roth fuera la de desenmascarar la falacia del sueño norteamericano.” A Romano y McGregor, conforme pasan los minutos y los personajes son vagamente presentados, es casualmente lo que menos les interesa.

La película es un retrato de la caída (más oblonga y morbosa) del Sueco Levov, el protagonista elegíaco de la novela de Roth. Un héroe del deporte universitario, un chico modelo, marido y padre ideal cuya vida se ve decapitada cuando su hija huye tras una explosión en un local cercano a su hogar. Cuando Estados Unidos estalla por los aires en centenares de conflictos que abocaron al país a un tiempo de protestas y revolución.

Pastoral americana, pese a los intentos de McGregor por evitar que su debut en la dirección pasase sin pena ni gloria, no puede evitar caer en la irregularidad y, en ciertos momentos, en la absoluta mediocridad. Quizás porque ha decidido aspirar alto y adaptar a un clásico como Philip Roth. Quizás porque su trabajo tras la cámara no ha controlado aquello que aspiraba a retratar. La película se le escapa de las manos, se deshace en mil pedazos mientras su protagonista se va moviendo entre la rotundidad y la imperfección.

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