‘Stefan Zweig: Adiós a Europa’, los pliegues del viejo continente

Crítica

The Way Out MagazineCine‘Stefan Zweig: Adiós a Europa’, los pliegues del viejo continente
abril 21 , 2017 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Cine /

‘Stefan Zweig: Adiós a Europa’, los pliegues del viejo continente

Existe una fotografía icónica del matrimonio formado por Stefan Zweig y Lotte Altmann: la de su suicidio. Como constatación del miedo a toda una época. Una imagen que Maria Schrader se atreve a reproducir en el tramo final de Stefan Zweig: Adiós a Europa, eso sí, con la elegancia de recogerla a la respetuosa distancia que le ofrece un espejo entornado. Una representación, la de la muerte del escritor y su esposa, controvertida, de poética macabra y oscura. Y un ejemplo, en el caso de su representación en la película, de la voluntad de la autora –no siempre correspondida– de hurgar en todos los pliegues de la mente y la personalidad de uno de los novelistas más importantes del siglo XX, considerado “el intelectual judío más peligroso” por el nazismo.

Estructurada en episodios, la obra indaga en las particularidades de la rutina de un creador judío exiliado. Sin embargo, más allá de esta idea, resulta complicada la tarea de atisbar las intenciones del film en determinados momentos. La propia arquitectura, que ofrece una contextualización de varios momentos cotidianos, casi a modo de separatas, ofrece una suerte de discontinuidad en el relato que puede llegar a resultar insalvable. Así las cosas, a través de estos capítulos breves, se antoja complejo llegar a profundizar en el proceso creativo, en su identidad política, su posición intelectual e incluso, aunque se prevé como el pretexto principal, indagar en su frágil estado de ánimo. Quizás la pretensión sea, precisamente, la de mostrar las complejidades de un escritor para componerse a sí mismo en el exilio.

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No obstante, Maria Schrader coloca su cámara en el espacio de aire que deja el matrimonio y obliga a sus contendientes a moverse entre sus ambigüedades. Así, en Stefan Zweig: Adiós a Europa revolotea, por ejemplo, la mirada cuestionadora hacia el carácter del austriaco, oscureciéndose cuanto más luminoso es su entorno (interesante trabajo fotográfico de Wolfgang Thaler). ¿Era un pacifista absoluto, como decían unos, o un cobarde, como le acusaban otros? ¿Por qué no llegó a postularse de una forma radical? Todas las preguntas subyacen bajo el contexto principal y la rutina central de la propuesta.

La cineasta domina la puesta en escena y envuelve los episodios centrales –la caída en la oscuridad del literato– entre un prólogo y un epílogo simétricos, con sendos y elegantes planos secuencia estáticos, que se convierten en los tramos más notables de un largometraje irregular. En el primero, el espectador asiste a la recepción de Zweig en Brasil, con una comida oficial en la que se puede escuchar el discurso del novelista. En el último, por su parte, a lo que asiste es al levantamiento de los cadáveres del matrimonio, envenenados y muertos en un abrazo eterno. El del miedo, la pulsión de huida frente a la constatación de un espectro demasiado temible. Un espíritu que vuelve a golpear los cimientos de la Europa actual revelando la brocha gorda de la cinta a la hora de esbozar una metáfora tal vez demasiado grandilocuente. Eso sí, quién sabe si el propio Stefan Zweig, su literatura, sus miedos, su muerte prematura, podría servir esta vez como antídoto a la metástasis de una enfermedad que amenaza con regresar a navidades pasadas.

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