‘Número cero’, el anti-manual periodístico

Crítica

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‘Número cero’, el anti-manual periodístico

numero_ceroRoberto Saviano aseguró sobre Número Cero, de forma muy tajante, que “Umberto Eco ha escrito una novela que es el manual de comunicación de nuestro tiempo”. Y no le falta razón en absoluto, aunque más bien se le podría llamar anti-manual. El Domani, periódico ficticio y experimental para el que es requerido de forma misteriosa el protagonista, es una traslación, en algunos casos más literal que figurada, de las prácticas que, hoy en día, se dan en las redacciones más importantes del mundo.

El italiano sitúa su acción, no de forma banal, en la convulsa Italia de 1992. Y aunque todo se sabe ficticio, o al menos ficcionado, la realidad retumba con fuerza en cada una de las páginas del escritor transalpino. Umberto Eco no se casa con nadie. En Número Cero golpea y vapulea sin ningún pudor a todas las esferas de la sociedad italiana. La Iglesia, la prensa, la política, las instituciones e incluso, por qué no, la sociedad cómplice son atacadas por la pluma irredenta del narrador, que dibuja un panorama que no por desolador resulta menos verdadero.

Nada es casual en la última novela del autor. Ni la elección del año 1992, con el famoso caso Tangentopolis coleando, ni la decisión de situar el centro narrativo en la redacción de un nuevo medio encargado de anticipar e inventar noticias con el fin de presionar a las altas esferas y que acepten a su director entre sus filas. La información como un conglomerado de poder. Con la primera maniobra, Eco toma la distancia necesaria para mirar desde el pasado al presente, que no dista mucho de lo contado en este relato. Con la segunda arremete de forma clara y evidente contra la deriva que ha tomado la prensa, que ha pasado de ser un cuarto poder a ser más bien un elemento de acción del poder.

La trama de Número Cero se estructura fundamentalmente en dos vías. La primera, y más importante, tiene que ver con todo lo que transcurre en esa oficina en la que un nutrido grupo de periodistas juegan a inventar la realidad a su gusto. La formación y el trabajo en la redacción sirven a Eco para reflexionar sobre cómo es y cómo debiera ser el tratamiento de la información en una sociedad idílica. En la segunda línea argumental, el lector asiste a la relación que mantiene el protagonista con Maia, una joven y brillante redactora que proviene de la nauseabunda prensa rosa y que también funciona para el escritor como un elemento sobre el que reflexionar sobre el lugar que ocupa la mujer en la sociedad.

Así las cosas, Umberto Eco consigue atrapar al lector a través de la dosificación de información y de la mordacidad de las conclusiones que extrae de las acciones de los personajes. Poco a poco, el primero de los vértices argumentales se trasladará de la redacción al campo de investigación gracias a uno de los periodistas, que comienza a indagar en el pasado reciente de Italia: la relación de la Iglesia con la dictadura de Mussolini y con el nazismo, la posibilidad de que el Duce no hubiese muerto y hubiese huido a Argentina o las herencias políticas de entonces que resisten en la ficticia sociedad de 1992 que dibuja el novelista. Número Cero es una obra que denuncia las prácticas cuestionables de la prensa y que, además, se aventura con una definición intrínseca de lo que esta debería ofrecer a la sociedad. Nuevamente, la ficción de Eco se constituye en un interesante vehículo para profundizar en el pasado y desgranar el presente. Su novela póstuma es el último aliento crítico de un pensador comprometido e imprescindible. De un hombre inmortal.

Número Cero. Umberto Eco. Traducción de Helena Lozano. Lumen. 224 páginas.

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