‘Valerian y la ciudad de los mil planetas’, opípara barbaridad

Crítica

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agosto 18 , 2017 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Cine /

‘Valerian y la ciudad de los mil planetas’, opípara barbaridad

Ni están los mondoshawan ni aparece Bruce Willis por ninguna esquina. Lo que sí hay ganas es de que Luc Besson parezca un director más asimilado a lo que logró con la fórmula adquirida para El quinto elemento que lo que intentó encajar en las diferentes piezas que componían su fallida Lucy (2014). Valerian y la ciudad de los mil planetas sigue la estela de El quinto elemento (las referencias y guiños son innumerables) y la emoción infantiloide de productos como Arthur y los Minimoys, con la clara vocación de satisfacer a sus propios hijos y a ese niño que, cosa sabida, lleva en su interior.

El talento visual de Luc Besson está de vuelta. De hecho es una parte de él que jamás se marchó. La primera hora de Valerian contiene los minutos más espectaculares del cine de aventuras estrenado y por estrenar en este 2017. Con la frescura que le aporta ser uno de los cineastas más respetados en su país de origen, con una carrera plagada de mitos a sus espaldas, a Besson le importa bien poco lo que opinen desde fuera. Su obra compone un corpus envidiable desde el punto de vista del entretenimiento más absoluto.

Pero, como no podía ser de otra manera, Luc Besson produce espasmos en el momento en que decide no medir entre sentar cátedra y volverse completamente loco. De hecho, se podría resumir toda la filmografía del francés y no situar ninguna de sus películas en la frontera entre ambos conceptos. O se comporta o se desmadra. Y Valerian, por suerte, tiene de los dos. Con una primera hora apabullante, con un comienzo directo y emotivo – especialmente recomendado para melómanos – Luc Besson va dejando que el niño que leyó aquellas aventuras espaciales dibujadas por Pierre Christin, Jean-Claude Mézières y Évelyne Tranlé allá por 1967 fluya a lo largo del metraje convirtiendo la producción en un homenaje a su pequeño “yo” cuarenta años atrás.

Valerian tiene los defectos que pueden nacer de algo completamente excesivo. Pero la mente y el talento visual de Besson se dejan notar a cada minuto. Y se agradece. Defectos que hacen notar las cualidades interpretativas de Cara Delevingne y Dane DeHaan así como la química que fluye entre ellos. Entrecomillado todo, no lo olvide. O la tan repetida pregunta: ¿qué hace aquí Rihanna? ¿Y Clive Owen? Sí se encuentran respuestas en las breves apariciones de John Goodman o Ethan Hawke. Recuerde que el requisito para trabajar con Besson es estar dispuesto a desmadrarse cuando la situación lo requiera. Pregunte si no al propio Bruce Willis. Inténtelo con Gary Oldman. O, por ser facilón, jamás olvide a Chris Tucker o a Mathieu Kassovitz. Ni a la Milla Jovovich de Juana de Arco. De hecho, jamás olvide Juana de Arco.

Valerian se disfruta. Es algo innegable. Mas si está dispuesto a dejarse llevar por la mente desquiciada de un director irrepetible, Luc Besson le transportará a lo más profundo del espacio exterior, lanzando al vacío su alma de niño, situando la cámara en aquellos recuerdos, en las imágenes que uno creaba en su mente cuando páginas y páginas de decenas de cómics frecuentaban las retinas. Déjese llevar. Es el único consejo que puedo darle. Honestamente.

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