Cuando David se convirtió en Bowie

Reportaje

The Way Out MagazineMúsicaCuando David se convirtió en Bowie
mayo 25 , 2017 / Escrito por Sheyla López / Música /

Cuando David se convirtió en Bowie

La historia nos ha enseñado, en más ocasiones de las que debería, que un solo hombre puede cambiarlo todo, que la sola influencia de una figura revolucionaria convierte lo conocido en un camino oscuro lleno de incertidumbre. Quizá de una forma menos catastrófica, David (Bowie) Jones enseñó al mundo que él no había caído en este planeta para quedarse enclaustrado en un personaje común. Su mayor rasgo de diferenciación fue él mismo. Así, un único hombre, volvió a cambiar la historia. Y nunca volvió a ser igual.

El juego interplanetario de Bowie no surgió de la nada. Fue fruto de un intenso debate consigo mismo, con una expresión artística que antes solo había podido ser imaginada. Space Oddity (1969) fue su primer milagro. Pero el periplo espacial del comandante Tom no pudo pasar desapercibido. Major Tom decidía acabar su comunicación con el Control que le esperaba en la Tierra del mismo modo en que Bowie lo haría tan solo unos años después. Su viaje espacial por fin había comenzado. Space Oddity pasó a la historia de la música, sí, pero no el disco, que fue arrastrado a las cloacas de esa anarquía llamada “éxito”. El fracaso de Space Oddity se redujo a la canción del mismo nombre, y el resto del disco quedó escondido en un cajón a la espera de un poco de atención. No la logró hasta pasados varios años.

Existen en la historia de la música incontables melodías, riffs, que se quedan en la mente de quienes las escuchan y no les abandonan jamás. Ocurre con AC/DC (Highway to Hell), ha pasado con Queen (The Show Must Go On)  y pasó con Black Sabbath (Iron Man). Entre estas, como tantas otras, se incluye la transgresora The Man Who Sold the World (1970). Porque, aunque Space Oddity pasase a ocupar uno de los primeros puestos en su lista de grandes éxitos,The Man Who Sold The World representa el inicio del estilo glam-rock que tanto definiría a David Bowie en el futuro. Y aun así, lo mejor todavía estaba por llegar.

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No había terminado la frenética venta del mundo cuando ya estaba inmerso en su próximo plan. La revolución de David Jones estaba a medio camino entre la locura y el arte produciendo un cambio radical en la década de los 70 que el futuro musical apenas podría predecir. El anticipo de lo que sería la transformación más revolucionaria de la cultura pop estaba gestándose en un álbum que traía consigo himnos tan llenos de genialidad que muchos no sabían todavía lo que estaba por llegar. Hunky Dory (1971) reúne por primera vez a la banda que formará The Spiders, las arañas de Marte que acompañarían a Ziggy Startdust en su futuros auge y caída. Y más. Es el álbum que abre con Changes, tema destinado al deleite cinematográfico y publicitario. También es el LP que contiene Oh! You Pretty Thing, donde Bowie alcanza una cota más alta de la que había conocido en sus trabajos anteriores. Pero, por encima de todas las cosas, es el lugar donde habita Life on Mars?. Hunky Dory es, al fin y al cabo, el nacimiento del David Bowie en el que David Jones quería convertirse, el lugar donde viven sus más grandes referencias artísticas y donde comienza su viaje espacial, el que cambiaría la historia de la música tal y como los años setenta la conocían.

Era junio de 1972 y Ziggy Stardust se dio a conocer. Un ser viviente venido de otro planeta, mucho más que un alter ego de David Jones. Incluso más que un alter ego de David Bowie. Lo concibió como un conjunto de referencias, de las admiraciones más amplias de un artista que acabaría siendo venerado. Así, su nombre es la combinación ganadora de Iggy Pop y The Legendary Stardust Cowboy (pionero del psychobilly en la década de los 60). La crónica del ascenso y caída de Stardust es la de Vince Taylor, un artista británico que superaba el excentricismo con creces que terminó sus días repudiado por los fans que le habían venerado en el pasado. Vince se creía enviado por extraterrestres a nuestro planeta y sus conciertos eran un ritual en de movimientos espasmódicos en los que su atuendo habitual incluía el cuero negro y el abundante maquillaje.

Ziggy Stardust tenía una misión en la Tierra. Una aventura explicada en los once cortes que componen el que sin duda es uno de los discos más importantes de la música del siglo XX: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars. Porque el objetivo de Ziggy, un ser de otro planeta (Starman), no era otro que avisar a los humanos de que para el fin de la Tierra solo quedaban cinco años (Five Years). La humanidad debe concienciarse de que el amor fraternal de una forma abierta y sin candados (Soul Love, Lady Stardust) es la respuesta. Sin embargo, Ziggy entiende que el rock hará llegar su mensaje a más oídos (Moonage Daydream, Star). Pero, al final, el éxito corrompe su noble misión, su grupo se disuelve y desciende a los infiernos del rock donde habitan las drogas y el sexo (Sufragette City, Ziggy Stardust). Ziggy, odiado por sus fans, agoniza en destrucción que él mismo ha provocado (Rock & Roll Suicide).

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The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars convirtió a David Bowie en Ziggy Stardust. Y así conoció el éxito que le perseguiría durante el resto de sus días. David prefirió ser Ziggy y, poco a poco, sus personalidades se fusionaron de tal manera que el artista no pudo apenas distinguirse de su arte. Aladdin Sane (1973) es un reflejo de ello. Su periplo por otras tierras no hizo sino justificar la incursión en su vida del personaje extraterrestre que lo convirtió en leyenda. Y, sin embargo, fue necesario “matarlo” para que el artista no muriese con él. Ocurrió el 3 de julio de 1973 en el Hammersmith Odeon de Londres: Ziggy y sus Arañas de Marte acabaron el concierto con Rock & Roll Suicide, dejaron la Tierra para siempre y David volvió a ser Bowie.

David Bowie, sin artificios, emigró a Estados Unidos en 1974 con la ambición de triunfar donde otros lo habían hecho antes que él. Pero se llevó mucho más. Concibió un nuevo estilo que se alejaba ligeramente del glam al que había acostumbrado a su público para engendrar una nueva forma de expresión que se reflejó en Diamond Dogs (1974). El funk y el soul habían llegado a su vida. Sin embargo, su propia autodestrucción, la que ya había conocido Ziggy Stardust, parecía estar cerca.

David no viviría su vida sin un personaje al que agarrarse, sin su propio clavo ardiendo. Porque mató a Ziggy, sí, pero dio a luz al Delgado Duque Blanco (The Thin White Duke). Su condición de dios en la Tierra le convirtió en víctima de sus propios impulsos y en el cuerpo perfecto para que el Delgado Duque Blanco habitase. Y, mientras su salud caía en picado, su éxito rondaba las más altas cotas. Pero llegó 1977. El año de la redención trajo el fin de sus días negros. David Bowie abandonó al Duque en EEUU para trasladarse al Berlín Oriental, donde, junto con la mano mágica de Brian Eno, gestaría su catártica Trilogía de Berlín, constituida por Low (1977), Heroes (1977) y Lodger (1979). De estos tres discos, tan solo Heroes, el que mejor ha tratado la historia de la música, se grabaría íntegramente en Berlín. Estos tres álbumes, complejos entre sí y totalmente opuestos en cuanto a riqueza estilística constituyen un renacimiento artístico y la experimentación que cambiaría su forma de entender la música.

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Low es la confirmación del cambio y las influencias de la ciudad en la que entonces residía era más que evidentes. Heroes se convertiría con el tiempo en uno de los mejores trabajos de David Bowie y, la canción que le da título, un himno generacional que ha sobrevivido al paso de las décadas. Lodger no llegaría jamás al nivel de su predecesor en la trilogía, pero en su trasfondo, es uno de los más representativos de la transformación que estaba experimentando su música. El cierre imperfecto para una década en la que conoció la ruina y el estrellato.

Lo que vino después (su reconocimiento a nivel mundial, Under Pressure, Let’s Dance, la banda Tin Machine…) no hizo más que convertirlo en leyenda, en un referente al que seguir a través de las décadas, a través de su propia experimentación personal. Pronto desaparecía varios años del mapa para convertirse en un hombre normal. No en un extraterrestre, no en un cantante sin género. Tampoco en un artista. Dejaría durante un largo periodo de tiempo de ser la estrella para ser el ser humano. Pero es difícil escapar del camino que uno se ha marcado para el resto de sus días y el fin de su autosecuestro trajo consigo dos increíbles obras que añadir a su lista de milagros. Porque David Jones nunca podría dejar de ser David Bowie.

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