‘David Lynch. El hombre de otro lugar’, asuntos viscerales

Crítica

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‘David Lynch. El hombre de otro lugar’, asuntos viscerales

big_208Hay quien piensa, servidor incluido, que la riqueza que provoca el interés en el momento de elegir un libro frente a otro se encuentra en su portada. El diseño de la misma se ha convertido en una batalla por centrar la atención de aquel lector que, en busca de su próxima presa, sacia su voracidad visual moviendo sus ojos por las interminables montañas de libros que se agolpan en nuestras librerías “favoritas”. La sección de cine siempre ha sido una de las más jugosas ya que, por motivos inherentes, resulta más complicado para un lector especialista adentrarse en la lectura de algo que conoce con precisión en un libro que no contenga absolutamente nada que no llame su atención.

Escritos y documentos sobre David Lynch existen casi tantos como piedras en este mundo. Debajo de cada una de ellas se encuentra un conjunto de opiniones, interpretaciones, hallazgos descriptivos o biografías (algunas de ellas insustanciales) que reflejan la personalidad del cineasta norteamericano. Alpha Decay propone algo distinto. A través de las líneas de Dennis Lim, la editorial publica en España el viaje a través de la propia mente del director a tenor de sus trabajos en distintas ramas de la semántica del arte. Un intento por comprender de dónde vienen sus pensamientos, sus sueños y sus inquietudes. Un intento por desgranar sus primeros trabajos, unos cortometrajes que precedieron temáticamente a su primer largometraje (Cabeza borradora, 1977) y que le llevaron a convertirse en una referencia en lo que a meditación, arte e individualidad creativa se refiere.

David Lynch. El hombre de otro lugar esgrime, ya desde su portada, argumentos milimétricos e inteligentes que certifican los complejos mecanismos creativos que el espectador identifica en un director al que, con seguridad, se puede atribuir un verdadero universo propio. La cubierta muestra una foto de Lynch en blanco y negro. Detrás, unos rollos de celuloide sobrevuelan (aunque su quietud es manifiesta) su cabeza. Él se mantiene con los ojos cerrados, esperando a que alguna musa ilumine sus sueños. Este héroe moderno (así han decidido llamar en Alpha Decay a una colección que desgrana instantes, actos y pensamientos) viste su camisa abotonada hasta sus últimas consecuencias dejando que la verticalidad coincida con la mirada del lector buscando los sueños de quien ha tratado de convertir su carrera artística en un constante homenaje a lo onírico.

Dennis Lim comienza su retrato huyendo de la biografía. Despreciando – con suma inteligencia – los dimes y diretes que sostienen un género que ya se encuentra en proceso de depreciación. El periodista asume que, en el comienzo de Terciopelo azul (1986), se encuentra el punto de partida de una vida cuyos momentos de pura vivencia se omiten a favor de la ágil narrativa explicativa que Lim expone desde el primer momento. Los entresijos de sus películas se entrecruzan con la descripción vívida de todo lo que pasa por la cabeza del cineasta en los momentos más cruciales de su carrera. La ausencia de presupuesto y la inmediata inspiración, los recuerdos transformados en apasionados instrumentos de atrezzo, las amistades que se sitúan como un eje primordial de comprensión, de ayuda y de síntesis.

Poco a poco, el viaje va tomando forma. Se va dilatando en el mismo espacio-tiempo en que Lynch despliega su arte. Página tras página, Lim va desvelando los motivos, razones y raíces del arte del director. Un viaje alucinante al fondo de la mente de aquel a quien los sueños se le han ido antojando como expresiones de su vida. Un artista que ha sabido renovar su trabajo, que ha desplegado sus armas en toda expresión pictórica, escultórica, cinematográfica y literaria que ha encontrado a su paso. Alguien que ha sido considerado siempre como la excepción a la regla, tanto en una época de ruptura con lo establecido como en un futuro industrial y megalómano. Un profeta de los sueños, de sus propios sueños. De las ilusiones que ha manejado a lo largo de los años, de las imágenes que ha tratado como expresiones de su vida.

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

(La vida es sueño, Calderón de la Barca)

David Lynch. El hombre de otro lugar. Dennis Lim. Alpha Decay. Colección Héroes Modernos. 249 páginas. 21,90 €

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