‘El trabajo cultural’, días de revolución intelectual

Crítica

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‘El trabajo cultural’, días de revolución intelectual

Cubierta-El-trabajo-cultural-web-350x544Luciano Bianciardi es una de las figuras más importantes de la cultura italiana del siglo XX. Tal y como anuncian las últimas líneas de su ensayo novelado El trabajo cultural, “también está muerto”. Y es que la herencia recibida de cuantos volvieron a engrasar las poleas de la construcción tras la resolución (más o menos afortunada) de cuantos azares bélicos tuvieron lugar en Europa parece haber sido sepultada a más de dos metros bajo tierra.

Bianciardi utiliza la ironía con una naturalidad descriptiva ejemplar. La editorial Errata Naturae publica, con traducción de Miguel Ros, la primera novela del multidisciplinar autor transalpino. Durante su recorrido lector, El trabajo cultural se va destapando como un viaje a la Italia que (re)nació tras la derrota y posterior conversión a la sociedad normalizada de los Camisas Negras, del fin del fascismo que ayudó a desolar el continente. Un mapa geopolítico que transcurre desde Milán hasta Grosseto (su ciudad natal) donde la ciencia de la polis, las teorías que el cinematógrafo legó a los herederos del neorrealismo así como el cuestionamiento de la ideología del director (los debates en torno a un tótem tan idealizado como es Ladrón de bicicletas) llevaron a una identificación grupal y colectiva relevante para la construcción de la identidad cultural italiana frente al totalitarismo foráneo.

El trabajo cultural deposita también las esperanzas de un país desolado, que procedía de una de las tradiciones políticas más firmes de la historia del continente. Luciano Bianciardi también trata, con maravillosa inquina, las diferentes corrientes a las que pertenecían aquellas personas que habitaron a su alrededor y a las que, de manera lúcida, agradece su existencia en torno a él. Los comunistas, los anarquistas, los republicanos, los fascistas. Sin ellos y las discusiones que generaron, la identidad cultural de Italia no hubiera emulado al ave Fénix.

El trabajo cultural se convierte así en un recorrido intelectual por las cenizas de un país que jamás renunció a ser la mejor imagen de sí mismo. Un país de contrastes, de tópicos, de un lenguaje que inicia una canción cada vez que comienza una frase. Un país con una historia que, como bien indica Bianciardi con un enfado probablemente monumental, no depende exclusivamente de los designios de aquellos etruscos vendidos como la panacea antropológica de las civilizaciones contemporáneas. El trabajo cultural debería aplicarse, palabra por palabra, a la conciencia individual. Y trabajar en pos de la mejor tabla de salvación de cualquier colectividad: la cultura.

El trabajo cultural. Luciano Bianciardi. Colección Pasaje de los Panoramas. Errata Naturae. 144 páginas. 14 €

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