Filmadrid 2017. Reivindicación y visibilidad

Crónica

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junio 17 , 2017 / Escrito por Antonio Sánchez Marrón / Cine /

Filmadrid 2017. Reivindicación y visibilidad

Comenzaba Filmadrid el pasado viernes con la clara intención de destapar lo que permanecía oculto, lo que caminaba por la oscuridad de los márgenes, aquellas obras de los cineastas impensables. Declaraciones de intenciones mostradas en forma de séptimo arte con una clara reivindicación: la visibilidad. Esta tercera edición de Filmadrid arrancaba con Kelly Reichardt y su especial sensibilidad. Y es que la proyección de Certain Women iba a dejar diáfanas las postrimerías de un festival marcado por su propio estilo y corriente de programación.

Desde Antiporno a Hermia & Helena pasando por los focos (destacable por motivos obvios el de Joao Pedro Rodrigues o el dedicado a Deborah Stratman), el ejercicio de las vanguardias o el homenaje a uno de los nombres clave para entender los diferentes cambios y movimientos en el cine contemporáneo: el cineasta lituano Jonas Mekas. Filmadrid 2017 se ha erigido como una de las muestras de arte contemporáneo más destacadas de la capital. Un lugar donde los amantes del cine hallado en los márgenes encuentran su punto de unión y debate.

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El cineasta lituano Jonas Mekas, durante su entrevista con El País en Madrid. (Foto: Jaime Villanueva/Entrevista: Elsa Fernández Santos)

El certamen imbrica nuevos significados, despierta el interés por tal o cual cineasta o movimiento, desestima los prejuicios y permite el acercamiento a lo desconocido, invitando al espectador a dejarse llevar por tantas mentes que esconden tras de sí un imaginario tan completo como inexplicable. Quizás eso sea Filmadrid. Una búsqueda constante de aquello que huye de convertirse en moda, un lugar donde hallar una semántica completamente diferente a cuestiones con tratamientos que huyen de la más pura linealidad.

Certain Women y O Ornitólogo, las películas que abrían el festival, dejaban de manifiesto que Filmadrid iba a tomar el sendero de la reivindicación y de la visibilidad entendida como necesidad social. Reichardt y Rodrigues han hecho de su cine dos maneras de entender esos dos términos en tanto en cuanto a cualidad del ser humano se refiere. Desde la construcción de la naturalidad emocional que la cineasta norteamericana transmite en su cine, los sentimientos se encuentran con la sexualidad apabullante que el director portugués abandera desde que abriese las puertas de su llanto con O Fantasma (2000) y Odete (2005).

La Competición Oficial ha mostrado un especial interés en la búsqueda de diferentes sensibilidades. Desde la cuestión más historicista (The Impossible Picture) hasta la traslación de universos narrativos (Hermia & Helena) Filmadrid ha completado una competición donde la mujer ha sido la gran protagonista. Una sección oficial donde todas las concursantes han sabido reivindicar y dar visibilidad a lo que, tal como rige el canon de Filmadrid, se encuentra devorado por la inmediatez, el consumismo y la falta de reflexión. Daydreams, Afternoon Clouds, Casa Roshell o Ember dan voz a las miradas, los gestos y las emociones de decenas de historias reales que suceden día sí, día también.

No falta tampoco el debate encendido, la búsqueda de comprensión ante esas obras que saben que tienen un innegable poder de atracción pero que no se ajustan a la definición personal de qué debería ser el buen cine. Antiporno, A Minha Juventude, Beduino o Happy Happy Baby bien podrían ser ejemplo de esas conversaciones cruzadas en las que cada mirada se convierte en un mundo completamente alejado de los otros que coexisten a su alrededor.

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Fotograma de ‘Antiporno’ (Sion Sono, 2016).

En la línea de la reinvindicación y la visibilidad, Filmadrid ha desplegado un arsenal de conceptos e ideas que ponen sobre la mesa la obligatoriedad del debate. La presencia de Laura Mulvey ha servido para ubicar todo un cuestionario que plantear a la sociedad actual acerca de cómo se ve la mujer en el cine y, de una manera más concreta, el tratamiento de la maternidad en el séptimo arte. Un seminario de cuatro días de duración ubicado en la Universidad Complutense donde se ha expuesto la teoría según lo mostrado a lo largo de los años en la vanguardia británica, el documental feminista italiano, el melodrama de Hollywood y el realismo social procedente de Irán.

Y en Irán es donde Filmadrid ha decidido además ubicar el último de sus focos. Más en concreto al lugar donde la comedia y el absurdo se dan la mano para retratar la constante realidad social de un país castigado política y socialmente. A través del cine de Mani Haghighi (Men at Work, Modest Reception, Abadan) o Darius Mehrjui (The Tenants, Mum’s Guest) el certamen madrileño ha construido una fotografía social de un Irán que tan solo aparece en los medios cada vez que Asghar Farhadi rueda una nueva película o en las constantes (y obligadas) referencias al pope Abbas Kiarostami.

Filmadrid sigue siendo un emplazamiento ideal para la construcción de ideas, para la generación de nuevos conceptos con los que trabajar de aquí a una cuarta edición de un certamen que sigue apostando por mantenerse fiel a una línea, a transitar de manera firme por un sendero iluminado por lo brillante de sus propuestas y lo arriesgado de su existencia. Un abismo de cine al que dejarse caer. Sin mirar, a ser posible. Y al precipitarse, ver tan solo la llama que arde. Por tercer año consecutivo. Y por muchos años más.

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