‘La vegetariana’, la revolución del cuerpo

Crítica

The Way Out MagazineLibros‘La vegetariana’, la revolución del cuerpo
febrero 28 , 2018 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Libros /

‘La vegetariana’, la revolución del cuerpo

Parece obvio, pero pensar y ser capaz de enarbolar nuestras propias banderas es sinónimo de hacer enemigos. Mucho más en una sociedad pensada y diseñada a conciencia para que todos los individuos dejen de serlo y se adhieran a las corrientes impuestas y automatizadas por los siglos de los siglos. Una sociedad profundamente mercantilizada que no permite la individualidad, pero que asiste a la colectividad como un verdadero peligro. En efecto, para el capitalismo, solo somos números productivos.

En La vegetariana, Han Kang se atreve a lanzar a un personaje río arriba. A contracorriente. Yeonghye es una mujer normal y corriente. Así la describe su propio marido en la primera frase del texto: “Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez”, asegura para referir la estandarización de la mujer sobre la que se va a construir la novela que le valió a su autora el Man Booker Prize.

A partir de entonces, Han Kang ofrece una fábula social, política y humana sobre la sociedad surcoreana en la que se desarrolla la historia. Sin embargo, La vegetariana es universal. El relato de Yeonghye no es solo la denuncia del rol de la mujer en Corea del Sur, sino mucho más allá de sus fronteras. Quizás por esa universalidad la novela haya cosechado tanto éxito crítico fuera del país asiático. Tal vez, también, porque la denuncia que efectúa sobre la maquinaria opresora de voluntades llamada capitalismo alcance a cualquier nación occidental.

Estructurada a modo de tríptico, La vegetariana se convierte en seguida en un retrato de la odisea de una mujer que reclama su libertad. Una lucha, a veces más interna que exterior, por recuperar la voluntad. El mensaje de Han Kang a este respecto parece ser ese que asegura que la revolución tiene que empezar, siempre, desde uno mismo. Así las cosas, recuperar el cuerpo puede (y debe) convertirse en el primero de los gritos rebeldes. Y eso es lo que hace la protagonista de la obra cuando, de pronto, concienciada y horrorizada ante la violencia que tiene lugar en el mundo, decide dejar de comer carne. Un pequeño gesto, una enorme revolución.

De esta forma, a través de tres miradas ajenas (el marido, el cuñado y la hermana), Han Kang compone el retrato de su Yeonghye, una protagonista que solo tiene voz cuando narra sus extraños sueños naturistas. Esta ausencia de la primera persona consigue que la imagen que se haga el espectador sobre el personaje sea multiplano. Y, además, que llegue de tres formas distintas, articulada en tres pensamientos dispares, lo que ayuda a edificar también, entre líneas, ese retrato involuntario (según la propia escritora) de la Corea del Sur contemporánea. Una novela llena de preguntas sin responder para un entorno cuestionado. Un país en el que el patriarcado todavía parece insalvable y demasiado vigente. Una nación que hace permanecer en la sombra a las mujeres y a la que Han Kang describe en La vegetariana con una sutileza lírica y una belleza poética perturbadoras. “Mi cuerpo es mío”, parece querer reivindicar la Yeonghye creada por Kang. Una exigencia no tan lejana en el tiempo y la distancia. Una mirada que sitúa el cuerpo propio como la mayor de las herramientas disidentes. Quién sabe si tomar conciencia del mismo y de su potencial individual será el primer paso para esa gran revolución colectiva.

La vegetariana. Han Kang. Editorial Rata, 2017. Traducción de Sunne Yoon. 237 páginas.

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