‘Lo que olvidamos’, los versos más tristes

Crítica

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noviembre 11 , 2016 / Escrito por Jesús Villaverde Sánchez / Libros /

‘Lo que olvidamos’, los versos más tristes

lo_que_olvidamosSeguramente el Alzheimer sea la enfermedad más poética que exista. Y también la más cruel. El enfermo desdibuja su vida poco a poco hasta llegar a un estado de dependencia total y absoluto. Los recuerdos se difuminan, los rostros se borran y la vejez se convierte en una suerte de regreso forzado a una infancia que se aleja por partida doble. El tiempo hace su mella de forma abrupta y erosiona, con la cadencia del que se sabe ingobernable, la humanidad que solo resistirá, tal vez, en los ojos tristes del paciente.

Con la certeza de quien se reconoce como víctima indirecta, Paloma Díaz-Mas articula el discurso de su última novela en torno a esta dolencia, todavía en vías de estudio. Lo que olvidamos se compone a golpe de emociones contenidas, pero también de diálogo (de monólogo, en ocasiones) interiorizado entre la narradora y la narrataria: la madre que olvida irremisiblemente. El trabajo de la escritora es una especie de fotografía en cuyo interlineado –doble, para facilitar la lectura– se cuelan sus anotaciones, memorias y vivencias.

Una imagen en blanco y negro a través de la que Díaz-Mas introduce reflexiones de mayor calado. La novelista demuestra habilidad a la hora de filtrar con acierto y levedad un mensaje sobre la memoria histórica de España (la Guerra Civil, el franquismo, la transición al periodo democrático, etc.) en el centro de su mirada hacia la familia. En este sentido, además, sorprende la introducción de un personaje secundario y de raíz profunda que le sirve a la cronista para establecer una cruda comparativa entre la memoria que no se debería perder y el deterioro de la misma en los protagonistas de la Historia.

Paloma Díaz-Mas escribe desde la intimidad de lo vivido, entre el inicial desconocimiento ante las primeras situaciones de cierta extrañeza y hasta el incurable dolor de verse un extraño ante los ojos de quien lo ha sido todo para uno. La prosa de Lo que olvidamos es delicada, pero también muy punzante; y se acerca tanto a la belleza cruenta y poética resilente en el Alzheimer como a la firmeza y la necesidad de un mensaje rotundo sobre un periodo histórico lleno de convulsión. No importa que, en determinados pasajes, la narración flirtee con una ligera sensación de inverosimilitud, fruto del deux ex machina (el episodio en el que la identidad de un personaje es revelada de la forma más inesperada), porque el torrente emocional de cauce íntimo y sosegado que gobierna la escritura hace que todo fluya.

Es precisamente en ese tratamiento del aspecto emotivo –a pesar del interés de la vocación documental– donde la novela se eleva a sí misma. En esos recuerdos compartidos que ya son cosa de una sola persona. En esos días en los que, en voz de la autora, la casa empieza a convertirse en un laberinto y la vida se resetea con cada despertar. Los tiempos en los que el Alzheimer empieza su devastador camino hacia el olvido, que arrasa no solo al enfermo sino a todo su entorno. Que roe todas las memorias conjuntas. “La destrucción de nuestra madre iba invadiendo, deteriorando y tornando inhabitables los recuerdos de nuestra infancia”, escribe Paloma Díaz-Mas, en la que tal vez sea su definición más certera del monstruo. Porque el dolor puede llegar a ser poético. Y los versos, ya lo testamentó Neruda, los más tristes.

Lo que olvidamos. Paloma Díaz-Mas. Anagrama. Colección Narrativas hispánicas. 168 páginas.

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