Mad Cool 2017 (I)

Crónica

Mad Cool 2017 (I)

Había confianza. Y mucha, entre los seguidores de todos los grupos ayer congregados en la primera jornada del Mad Cool. El festival madrileño se ha consolidado como una de las citas ineludibles del panorama musical de la capital. Era 6 de julio. Y de madrugada comenzó una tormenta que, de anecdótica pasó a ser algo importante. Pero sería eso. Una tormenta de madrugada. Tocaba cerrar la ventana y esperar. Pero el jueves se levantó con un torrente intermitente que, si algo huyó de conseguir, era disuadir a los más de 45.000 asistentes a la segunda edición del Mad Cool.

La entrada a la Caja Mágica parecía la peor prueba de una malvada yincana. Las botas embarradas y la ropa chorreando no iban a ser impedimento alguno para atravesar las puertas y adentrarse en un ambiente que, de inicio, ya hacía palpitar una especial electricidad. Una vez dentro, el espectáculo estaba asegurado. Sucedido ya, por las inclemencias naturales que, el concierto de George Ezra era turno de situarse ante The Lumineers. Con más de media hora de retraso, los de Denver salieron y ofrecieron una corta actuación que permitiera no cortar el ritmo del conjunto del festival. Veinticinco minutos de folk en los que repasaron su breve discografía (solo poseen, todavía, dos álbumes de estudio) con solvencia y sin caer en zarandajas.

Dichosos los que, bajo el amparo del escenario Radio Station, sintieron la fuerza y electricidad de Quique González y los Detectives. Con un concierto que arrancó con la bravura impuesta por Sangre en el marcador, la banda sacó lo mejor de sí para ofrecer un recital que apelaba constantemente a las emociones, a ese rock impuesto por los retratos de cualquier calle y en las miradas hacia aquellos que allí se congregaron. Resultaba harto complicado permanecer expectante ante el devenir del agua pero, por azar, Quique González iluminó el fin de la noche madrileña en la primera jornada del Mad Cool 2017. Con Tenía que decírtelo, ya aparecía la magistral voz de Carolina de Juan, Nina, con la que Charo y De haberlo sabido alcanzaron cotas que permitieron erizar los vellos por algo más que por el frío que la lluvia dejó tras de sí. Un repaso a casi veinte años de trayectoria y donde quedaron representados con justicia, en casi dos horas de concierto (grabadas para DVD), monumentos como Salitre 48, Daiquiri Blues o su último trabajo, Me mata si me necesitas.

Tras la catarsis vivida en el Radio Station, tocaba trasladarse hasta el otro lado de la pista. El escenario Mad Cool, el que albergaría los conciertos multitudinarios, no fallaba a su promesa. A una hora de que la energía de los Foo Fighters estallase sin remedio resultó imposible avanzar para poder contemplar algo más que la pantalla grande situada encima de las cabezas del grupo. Un presagio de que el éxito estaba asegurado. Los de Seattle cumplieron con las expectativas y entregaron una selección de temas con los que repasaron una carrera que comenzó hace más de dos décadas. Con el berrido inicial de Dave Grohl, el líder incontestable de la banda, arrancó un concierto que en su primera media hora conoció las brutales interpretaciones de Learn To Fly, Times Like There o la catártica The Pretender. A base de patadas vocales, una fuerza irreverente y la energía que les caracteriza, Foo Fighters consiguieron crear un ambiente con el que dejarse llevar, con el que la electricidad de sus guitarras sobrepasara el voltaje permitido. Fieles a sí mismos, los de Grohl consiguieron recorrer desde The Colour and The Shape (1997) hasta Wasting Light (2011) recordando a cada instante porqué son una de las bandas más incontestables del rock contemporáneo. Con una duración más excesiva de lo que hubiera demandado el timing festivalero amén de distracciones a mitad de setlist en forma de monólogos, Foo Fighters quemaron el escenario con Best of you y dejaron paso al distintivo sonido de bandas como Belle & Sebastian, Jagwar Ma y Kurt Vile & The Violators.

El exintegrante de The War on Drugs ofreció un concierto discreto, sin demasiadas florituras, centrado en lanzar extractos de lo que ha terminado siendo Kurt Vile tras salir de la banda en 2008 mientras los asistentes acertaban a vislumbrar una tormenta (esta vez ya sin intenciones de convertir el Mad Cool en un parque acuático) antes de dar por concluida la primera jornada con la abismal diferencia de Catfish and the Bottlemen y el avasallador DJ danés Trentemøller.

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