Mad Cool (II)

Crónica

Mad Cool (II)

El respeto y el compromiso son dos factores que me llevan a escribir este texto a tres días de asistir, a poco más de diez metros de distancia, de la caída de Pedro Aunión en la segunda jornada del Mad Cool. Respeto, que se mezcla con distancia, por los hechos ocurridos y por la posterior confirmación de la muerte del acróbata. Un hecho del que tuvimos conocimiento in situ y por las informaciones aparecidas en las redes sociales y no por vía directa de la organización. Sendos comunicados sirvieron para “esclarecer” lo ocurrido horas después de los hechos. Bastantes horas después.

Este texto responde también al compromiso de quien suscribe con el festival y con los lectores pretendiendo contar, de primera mano, lo vivido en los conciertos de Deap Vally, Spoon y Ryan Adams. Mi deseo hubiera sido continuar con Green Day y los grupos que avanzaron durante el transcurso del sábado, como último día de certamen: Wilco, Kings of Lion… Pero, siendo honesto, el ánimo no andaba para demasiada fiesta.

Una tarde de viernes que comenzó a caballo entre los escenarios Matusalén y Radio Station. Un juego de la oca que obligaba a transitar de uno a otro mientras, de fondo, la potencia de los Rancid (consumando el hecho de que son una de las bandas con mayor brutalidad sonora en vivo) amenizaba las esperas. Un Radio Station que acogió el sonido vibrato de las Deap Vally, el dúo formado por Lindsey Troy y Julie Edwards. Con solo dos discos, ambas han conformado un sonido propio, con una electricidad a raudales y una fuerza sobre el escenario como pocas se han visto en el transcurso de lo visto en el Mad Cool. Entre Sistrionix (2013) y Femejism (2016), Troy y Edwards han hecho acopio de una breve pero intensa selección de sus mejores temas demostrando que el futuro se les queda más bien corto y que pueden aspirar absolutamente a todo.

Spoon hacía lo propio. Haciendo un homenaje a una carrera que se prolonga por más de veinte años, los tejanos se han edificado un nombre propio en los libros cuyas páginas llenan el indie norteamericano. Sonaron temas de su último trabajo, Hot Thoughts, aunque el tiempo les llevó también a participar de la tónica del festival y a seleccionar los temas más míticos de su carrera. Inside Out, The Underdog o Do You sonaron con fuerza aunque sin resultar especialmente estimulantes. Todo quedaba visto para sentencia.

Y es que Ryan Adams entró con la fuerza que se esperaba. Comenzando con Do You Still Love Me? no había quien pudiera resistirse. Dentro de su gira Prisoner tuvo momentos para desplegar su artillería lanzada en su último LP con temas como Doomsday, Outbound Train o Anything I Say To You Know para luego, de repente, introducir Gimme Something Good o la mágica When The Stars Go Blue. Ni el excesivo humo con el que se ambientó la actuación – que hizo que, por momentos, aquello pareciera un CD en vez de un concierto – lastró un solo minuto de las dos horas que Ryan Adams se mantuvo en el escenario. El bis se hizo esperar. Y todo quedó cerrado con My Winding Wheel. Estaba claro, habíamos visto algo irrepetible.

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